domingo, 1 de junio de 2014

La extraña pareja

       De repente, y en cuestión de unos pocos minutos, uno sumó casi mil piezas nuevas, el otro más de dos mil. Los puzles que ambos intentaban terminar antes que su oponente estaban continuamente rellenándose, aunque muy lejos aún de su finalización. Pero este había sido un día muy productivo por una acción tan violenta como inesperada, lo que justificaba ese aumento tan repentino como importante, aunque todo esto relativamente...

       Ambos llevaban casi toda una eternidad con esa rivalidad que consistía en atraer para su bando al mayor número posible de piezas e incorporarlas en sus respectivos puzles. Piezas que no eran sino las almas de los humanos fallecidos y que, sin ningún pudor, diferenciaban en «puras» e «impuras», así, sin mayores matices. Lógicamente Satanás se quedaba con estas últimas y Dios con las sobrantes, las primeras. Solían presumir a menudo de una supuesta ventaja que nunca era estable por esa alternancia que era una realidad debido al cambio constante de cifras.

       Pero un determinado día, y tras años de meditación y duda, Dios estuvo a punto de «tirar la toalla»; últimamente, sus números aumentaban en mucha menor cantidad que los de Satanás y de seguir las cosas por esos derroteros, este acabaría ganando el desafío de completar su puzle en primer lugar. Menos mal que en el último suspiro entendió lo que pasaba: no en vano, y debido a la crisis globalizada, muchísimos ciudadanos optaban ya por incorporarse a la clase política para garantizarse una tranquilidad económica, en algunos casos a cualquier precio moral. Y eran precisamente estos «últimos casos» los que desequilibraban definitivamente la balanza al aumentar de forma casi exponencial. Tarde se dio cuenta de ello Dios por lo que no tuvo opción ni de preverlo ni de evitarlo, pero sí de aparentar tranquilidad a la espera de encontrar ese «as en la manga» que otras veces le había funcionado tan bien. Satanás, un vez más, había jugado con ventaja al inventarse esa «figura» con la que creyó que conseguiría el equivalente a un «jaque mate»… que no llegó. Que no podría llegar nunca…

      Al estar tan concentrados en su desafío, no caían en la cuenta de que su juego no acabaría jamás al estar condenada la humanidad a repetir sus aciertos y a cometer los mismos errores una y otra vez, eternamente, porque, contrariamente a la creencia religiosa más extendida, había sido creada a imagen y semejanza de… «La extraña pareja».

Patxi Hinojosa Luján
(01/06/2014)