lunes, 18 de julio de 2022

La pasajera 37

La pasajera 37

Aquel día salí pronto de casa, de modo que llegué con tiempo de sobra a la estación, justo cuando estaban situando mi tren en la vía correspondiente. Quedaban todavía unos veinte minutos para su salida; aun así, en cuanto activaron la apertura de puertas subí al primer coche y me senté en el extremo más alejado de la cabeza del mismo, presa de una impaciencia que me era imposible controlar. Para mitigarla, aunque sabía que sería difícil lograrlo, decidí contar los pasajeros que iban llegando, en silencio.
         Un chico, con la cara tatuada de adolescencia y una mochila cargada de libros a la espalda por cómo tiraba de él hacia atrás, fue el primero en subir; uno. Después… Una mujer portando una apretada bolsa de tela, «como embarazada», pues delataba el táper dispuesto para el que sería, sin duda, un complicado día más; dos. Un grupo de tres chicos a los que no conseguí imaginarles oficio ni destino, lo cual me intrigó y desasosegó a partes iguales; tres, cuatro y cinco. Una pareja de novios acaramelados que me generaron una sensación de ternura con cierto poso de envidia; seis y siete.
         Seguían entrando pasajeros y yo los seguía enumerando. Así, después de que varios usuarios más subieran a bordo, desconocedores de que alguien estaba dispuesto a inventar una vida para ellos si fuera menester, le tocó el turno a un presunto jubilado que sin duda se dirigía a realizar una excursión montañera por la vestimenta y los bastones que portaba; el pasajero treinta y seis. Y justo detrás fue cuando entró una silueta conocida, una chica bellísima, más joven de lo que indicaba su atuendo, que algo debió sentir en su nuca porque giró la cabeza de manera brusca para cruzar conmigo una mirada que no me atreví a interpretar en aquel momento, aunque de inmediato sentí que me insuflaba energía; treinta y siete, murmuré, mi número favorito, y una sonrisa bobalicona se adueñó de mi expresión.
      La pasajera 37 desapareció enseguida junto con mi propósito de seguir contando usuarios, porque… aquella pasajera era especial.
           Aquella pasajera no era tal.
         El tren de cercanías se puso en marcha con el típico traqueteo cortesía de la obsoleta playa de vías de la estación mientras cada quien iba a lo suyo.
        Aquella pasajera era la maquinista. No era la primera ocasión en que coincidía con ella; de hecho, cada día, al ir al trabajo, albergaba la esperanza de volver a verla, y a cada día ese hormigueo tan inocente aumentaba.
        Aquella pasajera se había convertido en mi secreto amor platónico. Y ahora, al parecer, ella también buscaba mi presencia al comienzo de sus jornadas laborales.
          ¿Os he dicho ya que es bellísima?

© Patxi Hinojosa Luján 
(17/07/2022)

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