No sé cómo ha podido ocurrir, pero he acabado en la mente de alguien
que, a veces, escribe ocurrencias sobre temas diversos; y no sé cómo, ahora puedo
expresarme a través de sus letras…
Debo estar agradecido al destino que me ha tocado
en suerte, no en vano la mayoría de la gente me tiene cariño, por diversas
razones, aunque la más repetida es debido al ocio, al descanso que les proporciono;
incluso quien me está prestando su escritura, a pesar de lo que pasó aquel día,
o quizá debido a ello.
Veo sus pensamientos materializarse con nitidez y
tal cual los narro:
Estamos en una habitación humilde. En la cama hay
una mujer a punto de dar a luz, a los pies de la cama un obstetra, y a un lado
una familiar. Todo esto tenía que haber ocurrido una semana antes, pero lo
cierto es que al fin ha llegado el momento. 13:45 nace una criatura con el
cordón umbilical alrededor del cuello, la cara amoratada; después de las
oportunas maniobras médicas, la tía le suplica al doctor que atienda a la
madre, que lo del bebé no tiene remedio. Él, honrando a su profesión, no se
rinde, y a las 14:30 grita: ¡tenemos niño!
Por cierto, no me he presentado aún: soy Sábado,
ese día de la semana que tantas envidias producía antes, aunque los nuevos
tiempos las vayan diluyendo.
Y sí, él también nació un sábado…
*
Es cierto, yo nací un sábado; casi muerto, pero nací…
© Patxi Hinojosa Luján
(29/09/2026)
