jueves, 12 de febrero de 2026

Maestro


Estoy en esa fase de la vida en la que alterno episodios de confusión y oscuridad con otros en los que me sorprendo con destellos de lucidez; como éste, porque ahora es el turno de la luz, lo que aprovecho para evocar momentos trascendentes de mi vida. Como cuando permanecí más de dos años en aquel cobertizo cubierto y alejado de las miradas indiscretas; recuerdo el frío, la humedad, y ese aire viciado que por momentos se hacía irrespirable, e incluso así, tras el pañuelo que incomodaba tanto como protegía, veía cómo ibas cobrando vida y acercándote a la belleza que diseñé en mi cabeza en función de lo que el bloque de mármol —que ya había sido dañado y desechado por otros artistas— me permitía; y era feliz porque estaba, y estoy, orgulloso… de los dos.

En algunos de aquellos momentos, mi expresión de satisfacción bien podría dar juego a algún artista novel para plasmarla en lienzos, tablillas o rocas, pero no disponía de tiempo para perderlo en tamaño ejercicio de vanidad, y procedía a continuar con mi trabajo después de esparcir un poco de agua que precipitara hacia el suelo el grueso del polvo generado por mi trabajo y de limpiarme y secarme la cara, adornada ahora con un nuevo pañuelo, limpio y seco.

 ***

—¿Sabes?, me pregunto si conoceré algún día a alguien cuya cara y figura se acerquen en belleza a la tuya, y la posibilidad de que así sea me proporciona la fuerza necesaria para continuar con mi ingente pero gratificante labor.

»Sí, ya sé que no voy a escuchar respuesta alguna por tu parte, pero aquí no hay nadie más que pueda tacharme de loco si me oyen hablar en la creencia de que lo hago solo.

En este punto, reaparece un sentimiento recurrente, primo hermano de la culpa, que va aumentando en intensidad y frecuencia: debo ser sincero conmigo y empezar a aceptarlo. Cada vez es más evidente… ¡Dios mío!, ¿por qué me permites amar de esta manera la belleza de esos músculos tan bien torneados?

*

Van pasando los meses, con los días relevándose unos a otros. Algunos veo avances que me reconfortan, otros parece que se haya congelado el tiempo y que me halle en un bucle temporal en el que todo se repita, pues mis ansias por avanzar van por delante de los propios avances. Es justo en esos momentos cuando aparece el cansancio, que no es tanto físico como mental. Entonces paro en seco y desvío la mirada para compensar la sobredosis de tu imagen, que en todo caso debo reconocer es cada vez más perfecta y deseable, a pesar de mis paranoias.

Cuento cuentas hasta que me sereno, tras lo cual, o bien vuelvo al trabajo, o bien lo dejo para la jornada siguiente, según dicte mi ánimo. Así continúo el trabajo que me encargaron mis mecenas, lo que pudiera hacer que algunos me consideren como un mercenario que cambia su arte por el terrenal dinero y una vida de privilegios y reconocimientos; pero la verdad es que esa es la única manera que encuentro de que mis ideas se materialicen.

*

Y por fin una larga noche, pasadas las diez de la mañana, llegó ese momento tan deseado; cuando terminé de usar la arena de Tebas, unos días después de haber apartado martillo y cincel, me alejé unos metros para observar mi obra: allí estaba, terminada y recién pulida, desafiándome con sus más de cinco metros de altura y sus casi seis toneladas de peso; allí estabas tú.

Y justo en ese instante, en los albores del siglo XVI, me pregunté: ¿se hablará de ella, pongamos en el siglo XXI…? ¿Algún tintero se prestará para recordarla, para recordarme, con letras de oro?

No pude evitar que una furtiva lágrima se deslizara por mi rostro porque, a la par, estaba interiorizando que acababa de aceptar, al fin, lo evidente: mi gusto artístico convivía ya en armonía con mi gusto más personal, íntimo y carnal.

***

Estoy en esa fase de la vida en la que ya sólo viajo a lugares oscuros que no hacen sino presagiar mi destino, cruel a todas luces, aunque no más que el del resto de los mortales.

—¿Quién anda ahí, eres tú, Francesco? —susurro entornando los ojos en un esfuerzo sobrehumano— ¿Cómo has conseguido escapar de la tumba que con tanto esmero y amor diseñé para ti?

—No se altere, relájese y descanse. No soy Francesco, soy Tommaso, su amigo, ¿recuerda?

En este reino de la confusión, antesala del de la oscuridad eterna, mi mente se detiene un instante, pero vuelve a activarse y de repente es otra la figura que visualizo, todavía con los ojos entrecerrados.

—Recuerda que fui yo quien te creó —y, con el último hilo de voz que me queda, suplico—, David, ¿querrías acompañarme mientras doy el paso?

Pero no es David el que responde, las estatuas sólo se comunican cuando están a solas con sus creadores y en silencio, y ésta ya me había dicho todo lo que tenía que contarme durante todos estos años…

—Ahora descanse —me pide Tommaso mientras me toma ambas manos con todo cariño y se acerca a mi oído lo suficiente para que yo acierte a escuchar unas últimas palabras—. Descanse en paz, Maestro.

Es el turno de la oscuridad…

… que me conducirá hacia la eternidad.

Llegó el turno de pasar a la posteridad.

 

© Patxi Hinojosa Luján

(12/02/2026)

32 comentarios:

  1. ¡Hola! Muchas gracias por participar en el Concurso de Relatos 50 ed. en El Tintero de Oro. ¡Suerte!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, por organizar todo con tanto cariño y tanta clase.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Conmovedor final. Perfecta esa "hora de la sombra". Si me permites, y desde ya me disculpo por la intrusión aunque voy a atreverme de todos modos, objeto una sola palabra: resetear, Creo que no le corresponde a Miguel Ángel. De cualquier manera es TU Miguel Ángel y es tu elección. Felicidades y un abrazo de Juana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu visita y por prestar tanta atención al relato, Juana.
      Es cierto, esa palabra sobra en el texto. Siendo sincero te diré que me di cuenta en el momento de la escritura, pero dejé el buscar una alternativa para la corrección final y está claro que se me coló. Repito, muchas gracias por fijarte y hacérmelo ver; y no es ninguna intrusión, al contario, te lo agradezco.
      Un fuerte abrazo de vuelta.

      Eliminar
  3. A la posteridad en la Historia de los grandes artistas. Un hermoso final, Patxi. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Carmen, por pasarte a leer mi relato y dejar tu parecer sobre el mismo, en concreto sobre su final.
      Un abrazo de vuelta.

      Eliminar
  4. Muy buen final.
    Ahora podrá preguntarle en la oscuridad al David original , que también debe andar por ahí, aunque claro, no sé si es lo mismo. Seguro que mo es tan grande.
    El diálogo, aunque sin respuesta también encanto. Tanto aislamiento necesita un interlocutor.
    Abrazoo y suerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, compañero, por compartir tu particular visión del relato, porque te confesaré que en ningún momento me vino a la mente el David de carne y hueso que, en efecto, no sería tal grande, je, je, je.
      Y gracias también por tus generosas palabras y por tus deseos, Gabiliante.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  5. Hola Patxi, nos traes un artista orgulloso y enamorado de su obra. Y su soliloquio es tan exquisito que nos conmueve y nos envuelve en sus reflexiones. Me encanta la frase que acaba la obra: "Mi gusto artístico convivía ya en armonía con mi gusto más personal, íntimo y carnal."
    Luego llega el final de la vida, que no de la obra porque sigue enamorando a todo mortal que se acerque a ella. Y "Llegó el turno de pasar a la posteridad." A la merecidísima posteridad y a la gloria eterna.
    Muy bello aporte. Un abrazo, Marlen

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Marlen. ¡Qué placer leer comentarios como éste, tan exquisito y gratificante para el autor, muchas gracias por ello!
      Me ha encantado tu visión del relato, cómo analizas partes significativas de él y cómo al final pones la guinda con tu personal apreciación sobre la figura protagonista.
      Un fuerte abrazo de vuelta.

      Eliminar
  6. Hola Patxi, un texto que cuenta y esculpe muy bien con palabras a Miguel Ángel. Y ese final a la posteridad no tiene precio. Enhorabuena. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por pasarte a leer mi aportación y dejar tan bello comentario, en el que destaco, porque me ha encantado: "esculpe muy bien con palabras"; muy apropiado teniendo en cuenta quien es el protagonista del relato.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  7. Ay, el artista enamorado de su obra. Un relato precioso, Patxi, dolorido y lleno de melancolía en ese repaso final que hace Miguel Ángel de su vida. También bonito el pequeño homenaje que incluyes al tintero. Muy buena historia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Marta.
      Muchas gracias por tu siempre bienvenida visita a mis letras, y por dejarme tan emotivo y gratificante comentario.
      El pequeño homenaje que mencionas, para mí era innegociable, máxime tratándose del redondo aniversario al que hemos (en este concurso me siento como en mi casa, aunque haya estado ausente unas temporadas) llegado en este mes. Gracias por reconocerlo.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  8. Una historia donde el artista nos dice "Mi gusto artístico convivía ya en armonía con mi gusto más personal, íntimo y carnal."lo dice todo.
    Muy interesante tu relato Patxi.
    Un abrazo
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por acercarte, amiga Puri, y dejarme tu personal visión del relato en el comentario al resaltar una frase del mismo.
      Un abrazo de vuelta.

      Eliminar
  9. se cumplio el deseo, si un titntero se acordo e hizo que los otros tambien recordaran.....o al menos supieran si no sabian de esto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, J.C.
      Agradezco tanto tu visita como tu aseveración de que se cumplió el deseo, aspecto que me hace muy feliz.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  10. Hola Patxi!
    Tu relato es una confesión muy intima del autor, de como siente esa especie de ansiedad por alcanzar la perfección de su obra y ser recordado por algo importante! Sin duda el maestro fue de los grandes y sus obras espectaculares han pasado a la posteridad durante generaciones! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Marifelita.
      Muchas gracias por tu visita, por dejar tu visión del tema del relato en un comentario, y por tus deseos, que son recíprocos.
      Un abrazote de vuelta.

      Eliminar
  11. Hola Patxi. En tu relato el artista se confunde con su obra, hasta el punto que ésta casi termina por poseerlo. Un Miguel que busca alcanzar la posteridad y se pregunta por ello, con un guiño que introduces a este nuestro Tintero de Oro. Se deduce de manera más bien explícita una tendencia del personaje hacia la homosexualidad, aunque queda la duda de que es primero, lo innato que lleva a esculpir una obra maestra, o la obra maestra que induce esa tendencia. El final en efecto, como te han comentado varios compañeros, emotivo cuando el artista se permite al fin descansar tras la conclusión de su obra. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Jorge.
      Una vez más, es un honor tu visita, por lo que agradezco de corazón tu comentario, cuyas palabras diseccionan el texto con tu exquisito estilo y tus siempre acertadas palabras. Sabes ver un poquito más allá en relatos como éste ...
      Un abrazo de vuelta.

      Eliminar
  12. ¡Enhorabuena por este relato profundamente emotivo! Exploras con maestría —como dice el título— la intimidad de Miguel Ángel creando el David, fusionando arte, deseo (carnal o no) y lucidez en sus últimos momentos. El guiño al Tintero suaviza la intensidad justo como debe ser. Esta frase me ha encantado, y le añado un detalle: "Las estatuas, igual que las historias, solo se comunican con el autor cuando están a solas". ¡Un abrazo grande y mucha suerte en el concurso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Eitán.
      Muchísimas gracias por tu visita y por tu comentario, con detalles tan gratificantes para el relato como para mí; incluido el que has añadido a la frase que mencionas y que, te confieso, me ha encantado.
      Y te agradezco también tus deseos, que ya sabes que son recíprocos.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  13. El diálogo íntimo entre un artista y su creación. Muy realista y emotivo. Y ese epílogo, antesala de la eternidad de Miguel Ángel, no tiene precio.
    Te deseo lo mejor, Patxi. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Bruno.
      Muchísimas gracias por pasarte a leer mi aportación al Tintero de este mes, por compartir tan gratificante comentario y por tus deseos, que ya sabes que son recíprocos.
      Un fuerte abrazo de vuelta.

      Eliminar
  14. Realmente creo que nadie de un pasado tan lejano pudiera imaginarse que habría un siglo XXI, por ejemplo.
    En los 80's y 90's se me hacía tan lejos el año 2000... y fíjate que ya llevamos más de un cuarto de siglo.
    Está naciendo gente que "alegremente" se asomará al XXII tal y como está la vida. Una persona nacida hoy, tendrá 76 años en el 2101, ni más ni menos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Noelia.
      Gracias por tu visita y por dejarnos tu particular visión y opinión de un párrafo concreto y puntual del relato; es tuya y la respeto al máximo.
      Un cordial saludo.

      Eliminar
  15. Hola, Patxi! Qué relato más impactante. Combinando narración con monólogos interiores nos muestras los temores y locuras que la obsesión por el trabajo y perfección llevó al genio a un estado de estres y alerta constante. Se palpa la tensión, y la enajenación del prota es un personaje más que cierra con ese magistral final. Te felicito,.me ha encantado.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué sorpresa tan agradable, compañero!
      Como el período de votación acabó hace dos días, pensaba que mi relato no tendría ya más comentarios, y mira por dónde recibo éste tan generoso y gratificante por tu parte.
      ¡Muchas gracias por pasarte y dejarme tan bello regalo, Pepe!
      Te envío un fuerte abrazo de vuelta.

      Eliminar
  16. El fin de un gran maestro siempre estremece y más cuando es contado por él mismo. La vida de esos artistas universales siempre ha tenido altibajos: han disfrutado de la vida, de su fama, del dinero, y también han vivido éspocas oscuras y lastimeras.
    Además de tu "maestría" a la hora de narrar esta historia, me ha gustado ese guiño al Tintero de oro. Muy bien buscado y mejor hallado, je, je.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, amigo Josep Mª, por tu visita y por tu apoyo en forma de emotivo y motivador comentario; lo agradezco de veras.
      ¿Nos vemos en abril...?
      Un fuerte abrazo, compañero.

      Eliminar