martes, 28 de enero de 2020

Sin pena ni Goya

(Imagen extraída de la red Internet)

Está sentado; inmóvil y concentrado. De repente pega un salto en su butaca y se dirige hacia los escalones que le separan del atril; los sube y resopla antes de decidirse a hablar.
―¡Uf, qué subidón, en verdad no me lo esperaba!
Restriega sus pómulos, como quien dispersa un par de lágrimas delatoras, y procede a sacar con nerviosismo de uno de sus bolsillos unas minúsculas gafas, de esas de cerca, que coloca casi en la punta de su nariz; a continuación, rebusca en otro y extrae un folio que desdobla un par de veces hasta tener el texto a la vista. Empieza a leer:

Quisiera empezar por los agradecimientos: en primer lugar, a La Academia, ¡muchas gracias!, sin duda alguna éste es el momento más importante de mi carrera profesional y este premio es a lo máximo que puede aspirar alguien que, como yo, se dedica a contar historias para que sean plasmadas en películas. Mi imagen sujetando este trofeo, ésta que veis, no apareció ni en mis más optimistas sueños en los tiempos en que empezaba a tomarle el pulso a este mundo mágico.
Por supuesto, gracias infinitas también a todo el equipo de la película, por apostar por esta historia tan personal y transgresora, tan poco correcta si de política y de otros aspectos de nuestra sociedad hablamos. ¡Gracias por involucraros tanto para hacerla vuestra, compañeros, sin vosotros nada de esto habría sido posible!
Quisiera también compartir este premio con el resto de nominados: compañeros, compañera, vuestros trabajos son magníficos; vosotros sois tan merecedores de él como lo pueda ser yo.
Y, por último, quisiera dedicárselo a mi familia y amigos, a todos ellos, desde el primero al último, porque sin su apoyo y compañía esto hubiera sido imposible.   
Acabo ya, antes de que en breve empiece a escucharse la música desaloja estrados; ¡qué paradójico!, nunca antes oí una melodía instrumental con tanta letra, con tanto…
¿Qué os decía?, ya la tenemos aquí, tan persuasiva ella.
¡Gracias de nuevo, va por vosotros!

Se queda callado, quieto; guarda la hoja. Dos lágrimas resbalan ahora, dos lágrimas no fingidas.
Un joven ha estado observando la escena desde el quicio de una puerta entreabierta; anida en él la culpabilidad que debería sentir todo voyeur. Ya se está retirando cuando cambia de idea y se vuelve, decidido. Entra al cuarto.
―¿Otra vez estás con eso, papá? Anda, bájate de esa escalera, ya sabes que cojea y un día de estos vas a acabar haciéndote daño. Y suelta esa figura, que es la favorita de mamá y al final la vas a romper; y verás entonces…
»Venga, supéralo de una vez, por favor, ya no tiene remedio… Quédate con que tu guion ganó el Goya, aunque quien lo recogió y se llevó los méritos fuera ese impostor, el miserable que registró a su nombre tu excelente trabajo después de toparse con el portátil que contenía todos tus desvelos.

© Patxi Hinojosa Luján
(28/01/2020)

jueves, 23 de enero de 2020

Motel 69

(Imagen extraída de la red Internet)

68 noches y un día, dulce condena. Confieso que habría permanecido todo ese tiempo a tu lado, y en él nos imagino, felices, intercalando conciertos entre sesiones cinematográficas y teatrales. Imagino asimismo que, en cada uno de esos días, al llegar la noche, ésta me encontraría temblado, dudando si pedirte o no que me acompañaras al primer motel de carretera que encontráramos para pasarla juntos, aunque admito desde ya que no creo que eso ocurriera hasta llegado el tiempo de descuento de nuestras escapadas; entonces, haríamos salvajemente el humor mientras esperamos ver amanecer nuestra jornada 69... pues, por imaginar, hace ya tiempo que te imagino aceptando cómplice mi propuesta.
Sí, habría acabado pidiéndotelo… pero para ello tendría que haberte conocido antes…

© Patxi Hinojosa Luján
(23/01/2020)

miércoles, 8 de enero de 2020

Plaza Cobardía

(Imagen extraída de la red Internet)

(canción torpe, o cobarde..., o algo así)

Si a veces improviso torpes muecas de alegría
Descuidando enmascarar cada atisbo de tristeza
Nunca olvides recordar que no tengo la entereza
Que me ayude a desertar de la «Plaza Cobardía»

Si a veces pinto el cielo y se confunde con tus credos
E incluso distorsiono tus caminos con mis prosas
Disculpa que me embriague si inocente en mí reposas
Desnuda de prejuicios, ignorante de mis miedos

Porque…
Maldita timidez que esclaviza mi emoción
Mis ansiosos sueños, mi Eldorado, sin pasión
Sospecho que jamás bailarás nuestra canción

Si a veces te regalo torpes sones como hieles
Y otras me sincero, aunque no me lo pediste
Responde tu mirada verde mar, belleza triste
Y yo escapo por temor a bañarme en tales mieles

Es que…
Vivo en la inquietud, frenando mi pasión
Reflexionaré, aislando la emoción
Para comenzar…

Busco la quietud que avive mi emoción
Consideraré que vuelva la pasión
Mas, para empezar, que acabe esta canción

© Patxi Hinojosa Luján
(08/01/2020)

domingo, 22 de diciembre de 2019

Desarrimando

(Imagen extraída de la red Internet)

(Soneto fecho «casi» al itálico modo del siglo XIII)

Tus ojos verde mar destilan pasión
Dudando si encarar su ruta letal
Intuyo tensión, desenlace fatal
Aunque fracaso al no frenar tu intención

Ensayando la huida sin decisión
A otra estrofa salto en caída brutal
De bruces me doy con tu esencia vital
Quedando al pie de la capitulación

Y entre dos versos, iluso, me escondo
Infravalorando así tus poderes
Mas sintiendo tu aliento me desfondo

Y me animo con un «no desesperes»
Porque confío en ver en lo más hondo
De tu prisión arlequín mis ayeres

© Patxi Hinojosa Luján
(22/12/2019)

lunes, 2 de diciembre de 2019

Horizontes - Cuarto (y último) Acto

Escena I

Todos los personajes están sentados en torno a una mesa en el comedor del restaurante de Jaime, él incluido; ya están terminando de cenar.

Evita: Estaba todo delicioso, como de costumbre; a ver con qué exquisitez nos sorprenden en la guinda del plato final. (Y dirigiéndose a Claire) Entonces, Claire, decías que esta cena está ya pagada pero que no podremos saber hasta los postres por quién, ni si está sentado o no a esta mesa, ¡qué misterio! (Dirigiéndose ahora a Jaime) ¿Es así, Jaime, está todo pagado? (Jaime asiente); bien, ya se acerca el momento, ¡qué nervios!

Lucena: Y al final, ¿qué fin tiene lo que se nos dijo en las entrevistas, lo podemos comentar ya con los demás?

Claire: Para empezar a desteñir un poco este oscuro misterio, se me ha autorizado a autorizaros (ríe) que comentéis desde este instante entre vosotros lo que queráis referente a esas entrevistas, pero hasta aquí puedo leer (murmullos).

Jaime: Si no os importa, empiezo yo, que tendré que ir enseguida a por los postres; es que llevan una sorpresa en la que yo tampoco tengo nada que ver, os lo juro, y tengo que traeros todo junto (más murmullos). A mí Claire me pidió que seleccionara una ONG del ámbito de la salud y que lo mantuviera en secreto. Me quedo con Médicos sin fronteras, con la que desde siempre he querido colaborar aunque nunca lo he llegado a hacer, aún no sé muy bien por qué… (Se levanta y se dirige hacia la cocina)

Darío: Sigo yo, así ayudo a Jaime con esos postres-sorpresa.

Jaime: Tranquilo, Darío (interrumpe Jaime), ya me apaño yo solo. Aunque ya que has empezado, cuéntanos tu parte.

Darío: Pues a mí también me pidió que buscara una ONG de mi preferencia, aunque en mi caso de las que se dedican a defender y proclamar la ecología. Mi elegida ha sido Greenpeace.

Claire: Por si os lo preguntáis, yo no he tenido que hacer ninguna elección, creo que la iban a hacer por mí (sonrisa).

Carlo: Yo os diré que he tenido, supongo que como todos, que elegir otra ONG, y me he decantado por Acción contra el hambre, que opera en el sector de agua y saneamiento tal y como me solicitó Claire.

Evita: Mi ONG es Survival internacional, porque ella (mirando a Claire) me pidió que estuviera relacionada con los derechos humanos de los menos favorecidos, ¡cómo me conoce!

Claire: ¿Quién, yo, Evita?

Evita: Me refiero a quien sea que ha organizado todo esto, supongo…

Claire: Porque os recuerdo a todos que yo no he sido.

Alessia: Sigo yo. Hablando de derechos humanos en general, que es por donde me dijo a mí que buscara, yo he elegido Amnistía internacional, no sé, siempre les he tenido un cariño especial.

Maitane: Yo, como Darío, defendiendo que nuestra raza respete el medio ambiente, y por eso me he decidido por Ecologistas en acción.

Lucena: Creo que soy la última, ¿no? Bueno, yo no podía tener una petición más adecuada, y he elegido Ayuda en acción, no hace falta que os diga en qué ámbito de actuación se me dijo que buscara…

Darío: Bueno, bueno, pero no debemos olvidar que se nos pidió algo más, por lo menos a mí, y creo no ser el único…

Maitane: ¿Te refieres a lo de la hipotética colaboración con donativos, Darío?

Darío: ¡Eso es!, creo estar en lo cierto si apunto que a todos se nos pidió lo mismo llegado el caso… (El resto asiente)

Evita: Y solo por esto, vamos a tener una sorpresa que no olvidaremos en nuestra vida, no acabo de imaginar de qué se pueda tratar, pero estoy ya con unos nervios...

Alessia y Lucena: (Al unísono) Ni yo (ambas ríen)

Claire: Ni yo, aunque no lo creáis…

Carlo: Si nos lo dices así, habrá que creerte.

Evita: Pues yo no te creo, Claire, por lo menos no mucho.

Darío: Ni yo.

Maitane: Ni yo tampoco (risas generalizadas).

Jaime: (Llegando desde la cocina con una bandeja con los postres y algo más) Mucho cachondeo se oye por aquí, ¿me he perdido algo importante?

Darío: Es solo que ya no nos fiamos de Claire, creemos que sabe más de lo que nos ha contado hasta ahora. Y, bueno, ya sabemos que todos hemos elegido nuestra ONG y que todos estamos al corriente de la acción a realizar en un caso hipotético, supongo que tú también…

Jaime: ¡Así es!
Alessia: ¿Qué son esos sobres que traes en la bandeja con los postres?

Jaime: ¡A mí no me miréis, yo solo obedezco órdenes de Claire! Me los dio con la indicación de repartirlos justo ahora (Miradas inquisitorias en dirección a Claire).

Claire: ¡A mí tampoco!, yo solo soy una intermediaria, ¡de verdad!, y desconozco su contenido.

Jaime reparte las misivas y se queda con la suya. Se miran unos a otros como pidiendo permiso para abrir los sobres: permiso concedido por una impaciencia que está a punto de mutar a histeria, lo que hace que todos extraigan el documento que contiene rasgando de mala manera los sobres. Despliegan casi a la vez el folio que aparece en su interior y se quedan observándolo, perplejos y en silencio, con gestos inexpresivos en sus rostros, como no atreviéndose a creer que sea verdad lo que leen.

Claire: (Pensando en voz alta) Así que Oxfam Intermón (internacional), esa es la ONG que eligió por mí… (Risa nerviosa)

Lucena: A ver, chicos, una cosa… ¿vosotros también tenéis entre las manos un listado con los últimos movimientos de vuestras cuentas corrientes? (Asiente el resto, uno a uno, o bien gesticulando o bien de viva voz)

Alessia: Y, ¿todos tenéis al final, como yo, dos movimientos sospechosos, dos transferencias, una recibida y otra emitida? (De nuevo asiente el resto, cada vez más alterado)

Evita: (Mesándose los cabellos) ¡Joder con la sorpresa, me va a dar un infarto!

Darío: Aseguraría, y no porque yo tenga nada que ver, que no tengo, que esos dos movimientos en vuestros casos también son, como en el mío, de un millón doscientos mil euros recibidos y…

Jaime: (Interrumpiendo a Darío con nerviosismo) y una donación de doscientos mil euros a nuestras respectivas ONG, la que escogimos cada uno después de la charla con Claire, me juego la mitad de mi saldo actual a que es así… (Todos asienten, taciturnos)

Carlo: (Cogiendo del hombro a Jaime) Visto lo visto, esa era una apuesta sobre seguro, Jaime; no arriesgabas nada, amigo.

Maitane: Yo, por más que lo intento, no acabo de creer que esto sea serio. Me parece estar inmersa en una versión burlona de los Diez negritos de Agatha Christie en la que lo único que irá desapareciendo, y menos mal, será nuestra confianza en que el caramelo sea en verdad para nosotros y en la que al final se nos quitará de la boca. Una broma, solo una broma, en efecto; eso sí, de muy mal gusto.

Carlo: ¿Por qué te enfadas tanto, Maitane, no puedes considerar, por un momento, que sea verdad?

Maitane: ¿Verdad?, creedme si os digo que no lo creo. ¿Y que por qué me enfado tanto?, pues porque estoy segura de que la imagen de esos primeros diez segundos de impresión en que arreglas todos tus problemas económicos… al final, en una cura de realidad, acabará rompiéndose en mil pedazos como lo haría la luna de un espejo que ya no soporta reflejar la imagen de la cruda verdad, y yo ya no estoy para estas bromas. (Inspira durante una breve pausa) ¿Quién tiene tanto dinero…? Y, lo relevante aquí, ¿quién, teniendo toda esa fortuna, la repartiría con nosotros? Pensadlo. Lo siento, no tengo ánimos para seguir la velada; ya me contaréis en qué acaba este sainete, yo me voy a casa, disculpadme.

Maitane se levanta y lanza un beso al aire que esparce para que figuradamente llegue a todo el grupo. Este ve como se dirige hacia la puerta de salida. Lucena se incorpora en su sitio.

Lucena: Espera, no te vayas Maitane, por favor. Sea lo que sea al final, no deberías de tomártelo tan a pecho, sabemos que el que ha organizado todo esto nos conoce muy bien; no querría reírse de nosotros, estoy segura de ello, ya verás cómo hay una explicación.

Alessia: Y recuerda que se nos dijo que recibiríamos una gratísima sorpresa. ¿Por qué no darle una oportunidad a lo que reflejan estos papeles? Y, al margen de esto, ¿no crees que lo mejor es que todos estemos juntos cuando todo esto se aclare?

Maitane: (Lo piensa un instante y vuelve a la mesa) Quizá tengáis razón, quizá debamos continuar juntos todo el tiempo que sea necesario; supongo que nunca hay que tener miedo de soñar más a lo grande, ¿verdad?...

Darío: ¡Bien dicho, esa es mi chica! (Algunas miradas interrogativas a Darío)

Claire: Bueno, chicos, ¿y ahora qué? Porque yo, desde justo antes de abrir los sobres, estoy como vosotros.

Evita: ¡No, cariño, no! Tú al menos sabes quién ha preparado esos sobres y organizado esta velada; velada que, por cierto, será inolvidable por siempre, de eso no me cabe la menor duda.

Lucena: (Dirigiéndose a Claire) ¿Nos dirás ya quién es?

Claire: No puedo, ahora yo ya soy una más de vosotros, os lo he dicho; pero estad tranquilos, no creo que tardéis en saberlo, o al menos eso espero...

La tensión en el ambiente ha llegado a un punto elevado y, sin ninguna coordinación, todos se levantan a la vez de la mesa. Jaime y Darío utilizan la cocina como excusa y se dirigen a ella. El resto, o bien va al baño o bien al exterior a fumar.


Escena II (y final)

Una vez rebajada la tensión, todos están de nuevo en sus plazas, pensativos. Lucena rompe el hielo.

Lucena: Un momento, tengo una idea, chicos: ¿Alguno de vosotros suele conectarse con el móvil para ver los movimientos de sus cuentas bancarias?

Alessia: ¡Yo! Espera, que miro… (Silencio sepulcral y miradas expectantes y tensas de todos hacia Alessia) ¡Dios mío, es… verdad, está ingresada la suma indicada en el impreso, aunque no se refleja quién es el ordenante! También descontada la donación a la ONG, como era de esperar.

Explota el júbilo. Se miran, exultantes, unos a otros, mezclando apretones de manos con abrazos, con brindis. Jaime va a la cocina a por más cava.

Evita: No creo que sea muy legal lo de emitir una transferencia desde una cuenta que no es la propia, pero en este caso no seremos nosotros quienes lo denunciemos teniendo en cuenta el movimiento anterior, ¿verdad, chicos? (Risas nerviosas)

Claire: ¡Aún no me lo puedo creer! Debemos estar soñando. (Dando un ligero codazo a Evita) Por favor, Evita, ¿puedes pellizcarme para ver si lo estamos o no?

Lucena: (Alargando su mano hasta Claire, con cara de niña traviesa) ¿No te valgo yo? (Claire le saca la lengua)

Darío bate las palmas reclamando la atención. El sonido ambiente baja de ruido a murmullo.

Darío: Chicos, ¿os dais cuenta de lo que esto significa? (Y mirando fijamente a Maitane) ¿Te das cuenta, Maitane?

Maitane: La verdad es que estoy bloqueada, estaba casi convencida de que todo resultaría una broma y ahora no puedo pensar nada, en nada…

Darío: Pues que ya no tendrás que lamentar más que no vayas a cobrar la indemnización del seguro de vida de tu marido.

Miradas de extrañeza de los demás miembros del grupo. Jaime, que vuelve desde la cocina, baja su ritmo y se para, y continúa escuchando de pie, con atención, a unos metros de distancia.

Darío: Ahora ya no tiene importancia su imprudencia al saltarse aquel stop, ni que fuera bebido, porque ya no cambiaría nada, ahora tu tranquilidad económica futura está asegurada; bueno, y la de todos nosotros.

Jaime: (Volviendo a su sitio en la mesa para mirar alternativamente a Darío y Maitane) ¿Qué dices, Darío?, ¿es eso cierto, Maitane?

Maitane y Darío: (Hablando y asintiendo con la cabeza a la vez) ¡Me temo que sí! (Los dos se giran y cruzan una mirada cómplice)

Maitane: (Hablando para todos pero centrando más la atención en Jaime) Sí, aunque desde un principio tuve esa sospecha, no ha sido hasta hace unos días que me lo han confirmado, cuando por fin han dado carpetazo a la investigación. (Silencio y miradas atentas de todo el grupo) Sabía que murió en el acto, que no se podría haber hecho nada por él aunque la ambulancia hubiera llegado al instante…

Jaime: (Interrumpiendo a Maitane) Pero…, ¿no lo llevó una ambulancia al hospital?, ¿no quiere decir eso que aún seguía con vida?

Maitane: Sí y no. Cuando llegaron a auxiliarlo estaba en parada y con el peor pronóstico, lo llevaron al hospital con un último intento de reanimación durante el trayecto, pero, insisto, había fallecido en el acto. (Maitane oculta la cara tras sus manos unos instantes, antes de proseguir…) En los días que siguieron no quisieron darme los demás detalles para no agravar el duelo de los primeros momentos. Pero hay más, según un testigo hubo otro coche en la escena, al que mi marido no implicó en su accidente de milagro; me han dicho que el mismo testigo identificó el modelo: era un Leaf rojo, el utilitario eléctrico de Nissan. 

Evita: ¡Anda, como el tuyo, Jaime!

Todos miran a Jaime.

Jaime: Como el mío no, ¡el mío! (Murmullos) Y pensar que todo este tiempo me he estado martirizando por no haber dado media vuelta para intentar ayudar…, (traga saliva y respira hondo) aunque mi desconocimiento en técnicas de primeros auxilios unido a mi nerviosismo en aquellos momentos pensad que casi me mato… no hubieran sido sino un estorbo. (Mesándose los cabellos) Hice lo que pude, ¡joder!, paré en el arcén para llamar al teléfono de emergencias y di parte del accidente, después seguí mi camino temblando de pies a cabeza; pero nunca lo consideré suficiente…

Maitane: ¡O sea que fuiste tú!, ¿por qué nunca lo contaste, ni siquiera a Darío?, ¿no es tu mejor amigo?

Jaime: ¡Lo siento!, siento haberos ocultado todo este tiempo mi relación con el accidente. Siento haber actuado así, de veras. No sabéis la angustia que se ha apoderado de mí desde aquel día, me siento tan avergonzado de mi proceder…

Lucena: ¡Encima que casi nos mata! No tienes nada que reprocharte, Jaime, nada. Bastante hiciste…

Alessia: (Puesta en pie) ¡Un momento!, ¿has dicho «nos»? ¿Qué pasa aquí, qué no nos habéis contado?

Lucena: Yo iba aquella tarde con Jaime… (Todos quieren hablar a la vez: «¿Qué, cómo…?») Por favor, dejad que os cuente… (Pausa larga) Jaime y yo nos vimos un par de veces antes del accidente, y ese día fue la última. Paseos, cafeterías y algún cine, nada serio, nada más. No os dijimos nada de lo nuestro porque lo dejamos en pausa de mutuo acuerdo… (mirada cómplice a Jaime que no obtiene su propósito) al sufrir ese incidente. Y antes de que preguntéis, hace siglos que mi matrimonio ya no es una pareja; si esto lo supiera mi marido, creo que hasta le daría igual.

Jaime: Pues ahora que ya lo saben todos, y que yo me he quitado esa losa de encima, considero que es el momento y lugar para pedirte delante de nuestros amigos, Lucena, que continuemos a partir del «nada serio, nada más», a ver hasta dónde podemos avanzar. ¿Qué me dices?

Lucena: Que me lo tengo que pensar. (Caras de decepción) ¡Un segundo! ¡Ya está! (Caras de expectación) Sí. ¡Te digo que sí! Y ahora, sí que sí, tengo que dar el paso de separarme de mi marido. (Silencio roto con aplausos)

Claire: Una cosa, a ver si me aclaro, porque me estoy perdiendo, ¿qué tienen que ver las transferencias con el accidente, alguien lo sabe?

Jaime: (Después de beber un sorbo de cava) Nada, en absoluto, que yo sepa. La casualidad ha querido que ambos temas compartieran velada. Al final, a los postres yo he tenido un plus por partida doble con mis particulares regalos sorpresa. Será el destino…

Evita: Pero, lo de la transferencia, ¿al final va en serio, no es un juego o una broma? (Piensa un instante, y dirigiéndose a Jaime) No puedo creerme que esto sea a lo que te referías con «asuntos personales» el día que vine a pedirte trabajo, cuando por cierto me crucé contigo, Claire. (Y dirigiéndose a esta) Claro, como tú estabas metida en el ajo, por eso te pillé aquí, ultimando detalles, ¿no es cierto?

Claire: Que estaba metida en el ajo, sí, obvio, pero no que tuviera nada que ver con mi visita aquí cuando nos cruzamos. (Mirando de reojo a Carlo que asiente con la cabeza con disimulo) Acepté participar en esta pantomima y citaros a todos; y ayudé a alguien con lo de las entrevistas y demás, eso es incontestable, pero ese alguien no es Jaime. (Jaime niega con la cabeza confirmando la afirmación de Claire) Ese alguien se mostró muy convincente aprovechándose de su parentesco, pero yo no tenía ni la más ligera idea de sus intenciones; mejor así, no creo que hubiera sido capaz de mantener semejante secreto.

Maitane: A mí me da un infarto si tengo que hacerlo, ¡¡¡ufff, es que es muy fuerte!!! ¡Cuando se lo cuente a mis hijos…!

Alessia: ¡Un momento!, ¿qué has querido decir con lo de parentesco, Claire? (Pausa) ¿Carlo? ¡Tú llevas un tiempo muy callado, no me digas que…!

Todos miran a Carlo, que se pone de pie con su copa de cava en la mano derecha, mientras que con la palma izquierda frena los posibles intentos de preguntas; se separa un metro de la mesa antes de dirigirse a ellos.

Carlo: Sí, hermanita. Espero que no os hayáis enfadado mucho conmigo por este juego, amigos, que ahora tenéis que asimilar. Pero tranquilos, enseguida resuelvo vuestras dudas (da un largo y lento trago de su copa). Os cuento:

»Resulta que estáis ante el afortunado ganador del bote multimillonario del Euromillones del mes pasado (muestras de alegría en el grupo), esa persona desconocida que está volviendo loco a medio vecindario de Eibar y comarca porque no acaban de saber quién es. Ya veis, la casualidad hizo que sellara el boleto allí, en una visita por trabajo. ¿Recuerdas, Alessia, que le encargaste a papá un portátil nuevo y que tenías cierta prisa?, pues fui a buscarlo al almacén que nos surte y que está en entre Eibar y Ermua, y aproveché para tentar a la suerte allí. Esta casualidad relacionada contigo, hermana, ¿el destino, quizá?, hizo que pudiera pasar desapercibido aquí.

»En cuanto sospeché de mí como único acertante al oír las noticias, intenté comprobar, con el  nerviosismo que os imaginaréis, si estaba o no en lo cierto; me dio un vuelco el corazón y algo más cuando pude confirmar que sí poco después; en los días siguientes, y a pesar de la trascendencia del asunto, intenté recuperar la cadencia de mis latidos y aparentar normalidad mientras lo iba digiriendo todo poco a poco. Una noche, después de estar trabajando toda la tarde en la tienda con papá (mira a Alessia), y aprovechando que él se iba al cine y llegaría tarde, me fui directo a casa a darle vueltas a la cabeza con la tranquilidad que da la soledad. Me abrí un botellín de agua, sí, ¡de agua!, hasta yo me extrañé... Encendí la tele sin preocuparme de cambiar el canal que estaba sintonizado porque solo necesitaba su compañía silenciosa y enseguida le quité el volumen; puse en el reproductor el cd Foxtrot de Genesis y me tumbé en el sofá. Antes de la media hora empezó un programa documental de África y las escenas que emitieron no pudieron impactarme más por dramáticas; la grabación era de unos niños desnutridos y medio desnudos tirados por un suelo de polvo y tierra; algunos intentaban arrastrarse buscando alcanzar un futuro esquivo que se les escapaba de la punta de sus dedos, mientras otros ya no podían ni siquiera percatarse de las moscas que se les posaban encima en un ejemplo más de perversión cósmica; me puse en la piel de esos reporteros a los que aquellos escasos segundos se les estarían haciendo eternos, grabando con urgencia porque tenían que mostrárselo al mundo, porque era su deber, pero deseando acabar a la mayor brevedad para poder asistir lo antes posible a esas criaturitas, y ya no pude seguir mirando porque los ojos se me llenaron de lágrimas. Apagué la tele como pude y me fui al baño a enjuagarme la cara. Con la cara despejada me miré en el espejo y en ese momento justo empezó a sonar Horizons; entonces lo vi claro: antes incluso de preguntarle a mi imagen en voz alta «y tú, ¿hacia qué horizonte mirarás a partir de ahora, Carlo?» ya me estaba respondiendo, con la convicción que da la seguridad, o al contrario, ¡qué más da!, «hacia uno que incluya el ver al máximo número posible de esos niños y sus adultos creciendo y viviendo con dignidad, alejados de la inmoral miseria».

»Fue en ese momento cuando se me ocurrió la idea de compartir el premio con todos vosotros, ¡¿con quién, si no?!; (y mirando a Alessia) y con nuestros padres, hermana, ¡faltaría más!

Alessia: (Interrumpiendo a su hermano) ¡Vale!, ahora entiendo tu lapsus, hermano; cuando me dijiste que papá «estaba» retrasando su jubilación te traicionó el subconsciente al hacerte considerar ya la nueva situación de desahogo económico; recuerdo que enseguida corregiste a «está». Era imposible comprender entonces la diferencia de matiz entre ambas palabras… (Se queda pensativa)

Carlo: (Recuperando la palabra) Continúo:pero quería compartir mi suerte también con todas esas ONG que se han nombrado antes, ¡claro! Y llegados a este punto, os debo una explicación. Algunos os preguntaréis, quizá, cómo es posible que haya podido ordenar todas esas transferencias desde vuestras cuentas… Mi intención, al final, era evitaros esa gestión hipotética que os había solicitado y asegurarme así de que se realizaba lo antes posible, tal era la urgencia por mi impaciencia. Bueno, resulta que para los directores de las sucursales en que están vuestras cuentas, estaban justificadas de sobra por los ingresos previos… y por las generosas propinas que recibieron por su cuidadoso trabajo y discreción (Ríe). Todos, sin excepción, me prometieron que estos dos movimientos no serían visibles por vosotros hasta esta noche; y es que yo no quería que se estropeara la sorpresa por nada del mundo…

»(Recobrada la seriedad y mirando a Evita) ¡Por supuesto que lo de las transferencias es cierto, Evita, no es ninguna broma!, (y dirigiéndose ahora a Maitane) hubiera sido de muy mal gusto, coincido contigo, Maitane; ese dinero es ya vuestro, podéis hacer con él todo lo que queráis, todo menos regalárselo a Hacienda, ¿de acuerdo, chicos? (Risa general)

»Y para terminar, os diré que fue entonces también cuando pensé en el teatrillo con las citas en la consulta de Claire y en esta cena con su postre especial… Entenderéis ya por qué tanto misterio, cuál era mi objetivo, ahora que el dinero y el tiempo libre han dejado de ser un problema para mí, y creo que también para todos vosotros (amplia sonrisa).

Carlo propone el enésimo brindis levantando su copa al aire y el resto le imita; cuando el volumen sonoro sube, gesticulando con la mano consigue que vuelva a su nivel anterior, todos le rodean en un abrazo antes de terminar su monólogo cuando se separan de él…

»Y ahora decidme, amigos: ¿hacia qué horizonte miraréis a partir de hoy?

Todos los personajes dejan sus copas a cámara lenta sobre una mesa en la que los postres permanecen intactos y se dirigen hacia el borde del escenario donde se colocan en una línea recta, paralela al mismo, de cara al público y se dirigen a él:

Alessia: Y ahora…

Carlo: … decidnos,…

Claire: … querido público:…

Darío: … ¿os animaríais…

Evita: … a mirar…

Jaime: … con nosotros…

Lucena: … hacia esos…

Maitane: … horizontes?

FIN

© Patxi Hinojosa Luján
(28/06/2017)