lunes, 20 de noviembre de 2017

Sin disfraces

Mi novena aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER. En esta ocasión teníamos que comenzar con «No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween...».

No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween, en esta lúgubre estancia todos lo tenemos asumido. Incluso la pequeña Selene, tan distinta ella, lo acepta porque aspira, entusiasmada, a participar en el ritual de cada año; pero nuestra hermana no entendió que papá prescindiera de mamá poniendo en riesgo nuestra triunfal aparición anual. Es cierto que, poco después, ella colaboró una última vez en los festejos con su caracterización más realista, rígida y fría; sin embargo, hoy su presencia sería inadecuada.
Brota ahora aquel recuerdo en mí: Papá buscándose en los espejos, gritando que el desliz de mamá no podía quedar sin castigo, que por eso la momificó...

© Patxi Hinojosa Luján
(15/11/2017)

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Preguntas

Mi octava aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER. En esta ocasión teníamos que comenzar con «¿Qué será lo que le ponía su madre?...».

¿Qué será lo que le ponía su madre? La pregunta le martilleaba las sienes cada vez que, al acabar el recreo, sus extenuados amiguitos regresaban a clase buscando unos asientos que se convertían en los más cómodos sofás; porque, mientras, él lo hacía tarareando canciones sin el menor signo de fatiga.
Cuando un buen día se animó a hacerle la delicada pregunta a su madre, ésta le contestó con evasivas, admitiendo sólo que manejaba un ingrediente secreto que a veces incluía en el bizcocho del desayuno.
Y entonces le asaltó una nueva pregunta: ¿sería por eso por lo que tenían casi siempre los ojos tan rojos…, los dos?

© Patxi Hinojosa Luján
(08/11/2017)

lunes, 6 de noviembre de 2017

Penas

Mi séptima aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER. En esta ocasión teníamos que comenzar con «Y se ríe...».

Y se ríe, cómplice, aunque sólo lo haga en soledad. Imagino su expresión cotidiana, disimulando, tan fría como la lápida que cubre los restos de nuestro compañero.
Ahora él es feliz por mí, lo conozco bien, mas nunca se permitirá, si es observado, mostrar en su semblante ni una leve sonrisa; aspira a acabar sin sobresaltos su particular pena.
Sé que sabe que estaré esperándole cuando termine, y entonces ya podremos reír juntos al evocar la mañana en que al pasar lista no me encontraron allí. Pero debo confesárselo: Él tenía razón, no fue fácil excavar aquel túnel y escapar de la prisión.

© Patxi Hinojosa Luján
(01/11/2017)

martes, 31 de octubre de 2017

Lumínica


(Este texto es mi personal recuerdo del concierto en el Altxerri de Donosti del día 28 de octubre y no es sino una muestra de respeto y cariño hacia Jorge Marazu, quien ha sido capaz de crear una maravilla como es Lumínica.)


La musical velada transcurrió plena de intensidad, como un vendaval desatado de recursos. Si comenzó con Luz, bendita luz, terminó con un sutil Simulacro que nos confirmó que lo vivido hasta ese instante no había sido tal; entre ambos momentos, y como en un suspiro, todo un Río de emociones anidando en unas canciones que unas veces nos llevaban a recorrer veredas secretas con el tono sepia de los ayeres y otras nos acariciaban el corazón; él ya venía advertido, reveló haber sufrido arañazos en el suyo.
Como esperaba, la noche no echó de menos ningún despliegue de efectos especiales, pues hasta tuvo su particular Cometa, que a falta de cuerda nos dejó una magnífica estela en forma de Recuerdo crónico justo antes de que yo lo imaginara camino de Escandinavia, allí donde la Luna es siempre mágica si sabes mirar para encontrar su ombligo.
Quizá nuestro querido amigo Jorge Marazu ya no sea aquel muchacho que Catorce años atrás aspiraba a dejar grabadas sus particulares Líneas de Nazca entre confidencia y confidencia con la emotiva Elia, quizá, pero hoy lo reivindica mientras observa que algunos Peces de ciudad parten hacia otros puertos, nadan en otra dirección.
Pasaron los segundos, las canciones, y casi sin darnos cuenta nos acercamos al final; sin esperar a oír las campanas del reloj, y sin Miedo a las teclas negras de un negro piano, se sinceró al contarnos lo mucho que le cuesta olvidar todo lo que un día quiso; entonces se bajó del escenario para subirse al carro de las nuevas melodías y versos que esperan, ansiosos, su turno para ser convertidos en canción gracias a ese misterioso don que él posee al igual que unos pocos más y que alguien intentó explicar alguna vez…, sin éxito.
***
Y yo, que insaciable pensaba negarme a decir Adiós porque también tengo pánico a las despedidas, acabé dando Media vuelta para salir del local; respiré hondo el aire ya menos cargado de la calle y reflexioné: si lo que sentía en aquellos momentos no era una hermana gemela de La felicidad, se le parecía bastante...
***
En mi peculiar universo, recuerdo ahora que me debe, no una canción al azar sino 29, aunque él ignora que lo mismo ocurre con Las otras, y yo no se lo pienso confesar…
¡Pero qué despiste, si esto no iba aquí!, era para la pre-crónica del próximo concierto... No pasa nada, hasta que llegue la ocasión yo seguiré deleitándome con las maravillosas canciones que conforman esta obra de arte musical de Jorge Marazu que es su Lumínica.

© Patxi Hinojosa Luján
(31/10/2017) 

jueves, 26 de octubre de 2017

Merodeas


Observo cómo frecuentas desde hace varias semanas los alrededores de la casa de mi infancia; no contaba con que te fueras a acordar de ella y recuerdo ahora con una sonrisa desubicada que siempre me sorprendió tu capacidad para sorprenderme.
Si te contemplo desde aquí es porque te estoy esperando, ya siempre lo hago. En la mayoría de las ocasiones te sueles acercar a cámara lenta, como con recelo, para enseguida desaparecer; aunque hay días en que debes sentirte algo más animado pues veo que permaneces un rato apostado ahí abajo, golpeando con rabia y violencia árboles y farolas, e incluso te atreves a levantar la mirada y clavarla en una ventana cerrada tras cuya cortina corrida te observo invisible junto a mi cruel destino. Creo que son esas las ocasiones en que tú me presientes, lo distingo en unos cruces de miradas que no podrían lastimarme más al no hacer otra cosa que provocar chispas de imposibilidad.
Mientras sigo atrapada entre dos mundos, acepto que a otras miradas pudiera parecer que merodees, que siempre estés merodeando, aunque yo lo desmienta al conocer de buena mano tus intenciones últimas. Es más, tengo la convicción de que no cejarás en tu proceder hasta que alguien pueda hacerte comprender…
Porque deberías saber que por una ley cósmica esencial, a mí me es imposible intentar convencerte de que lo que sucedió no fue culpa tuya. Ese día no tenías ganas de salir, y yo no debí subir sola al monte y menos aún hacerme aquella maldita autofoto —¿selfie lo llaman ahora?— al borde de un precipicio al que tú tenías un miedo irracional por tu vértigo al vacío; como el que ahora, ironías de la vida, te envuelve por mi ausencia.
¡Cuánto extraño tu calor!, ¿te he dicho ya que te sigo queriendo…?

© Patxi Hinojosa Luján
(26/10/2017)

miércoles, 25 de octubre de 2017

El olor de aquella loción


No consigo recordar ahora si fue en un pueblo con mar, o no…
 *
No entiendo por qué, pero me siento extraña, ausente, dispersa, como si algo me hubiera obligado a delegar el control de mi yo en terceras personas abandonando todo sentido de responsabilidad. Mi mente se ha vuelto confusa y mis pensamientos se superponen unos a otros, como brochazos de pintura que tapan otros anteriores cambiando el color reinante por tiempos demasiado cortos. No lo entiendo, no me entiendo…
Pero tengo suerte, debo reconocer que no estoy sola, me rodea mucha gente que se esconde detrás de unas sonrisas que se delatan: nunca antes habrán sido tan forzadas. Ellos gesticulan y hablan entre sí, y a mí, aunque yo no logre entenderles casi nada. Me quieren, y yo siento su cariño; y pese a esto me encuentro sola en un mundo que no elegí y que me asusta; y que temo que pueda llegar a aterrarme.
**
¡Un momento!, la memoria de los olores, aletargada como todas las demás, se ha desperezado un poco y me acaba de echar un cable: recuerdo que días después de aquello me resistía a poner a lavar esa prenda que olía a sal…, y a su loción. Como sé que sólo será un instante, aprovecharé esa fugaz lucidez para intentar ver todo con algo de claridad. Aunque debe de hacer toda una vida ya, recuerdo también que aquello no me cogió desprevenida, que lo esperaba ansiosa.
Pero, ¡qué rápido ha debido de pasar el tiempo!
Sí, fue en un pueblo con mar, era éste; y frente a este mar que contemplo sentada en un banco que me confiesa que nos extraña, aunque seguro que no tanto como yo al joven de la propuesta de matrimonio que, ¡maldita sea!, nunca consigo recordar si rechacé o no…
***
Hoy el Sol ha venido a visitarnos y supongo que por eso estamos en la playa desde hace…, ¡pues no lo sé! Como otras veces, supongo, me dejo llevar cuando unas manos tiran de mí con suavidad y paso por encima del borde bicolor desde el agua a la orilla, donde me espera la arena húmeda, y el mismo desasosiego de siempre.
No entiendo qué pasa, pero reconozco ahora en mis manos el olor de aquella loción y siento un escalofrío placentero.
Y ahora, que ya no recuerdo lo que acabo de pensar y sentir, imagino que quizá, momentos antes, haya dejado caer algunas lágrimas que se han fundido con unas olas que acabarían de morir allí mismo. Es que, y no me preguntéis por qué, a veces siento deseos de llorar, pero no recuerdo cómo se hace, y lloro…

© Patxi Hinojosa Luján
(25/10/2017)

lunes, 23 de octubre de 2017

La carrera

Mi sexta aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Vuelve a pedirme que le empuje y su mirada me suplica que no tarde; su acopio de intenciones se agota y no parece desear dosis nuevas. Miramos juntos al vacío del precipicio, allí donde él no ve final yo veo un futuro feliz; pero una voz me recuerda que no debo interferir y me limito a observar sus reacciones, hace ya tanto que el tiempo de los consejos envejeció…
Siguen desprendiéndose hojas del calendario; corre otoño y con ellas caen también las de los árboles, junto a proyectos e ilusiones. Mas nuestro hijo continúa estudiando, esperando sentir en su espalda esta mano que ahora escribe empujándole.

© Patxi Hinojosa Luján
(19/10/2017)

viernes, 20 de octubre de 2017

El comando


[…] Ellos esperan a un aliado, al último, aquel con el que redondearán su macabro plan.
Ellos no están desarmados, lo desalmados nunca lo están, y aguardan pacientes en un sillón en el que se sienten bien cómodos, el de la perversidad; saben que ese aliado aparecerá tarde o temprano y en el comando todos tienen ya el guion de su papel bien aprendido.
*
El viento sopla hoy con inusitada fuerza, huracanado. Llegó el momento.
Aunque el calor es sofocante —no resulta fácil portar un pasamontañas—, «Número uno» está preparado; alterna la mirada entre su reloj, a punto de señalar la «hora F», y su mano derecha, que aprieta algo con fuerza. No puede evitar pensar en «Número trece», su colega de juventud, mientras se pregunta si aquel muchacho frágil e introvertido, del que recuerda casi todo pero al que en este instante de máxima tensión no consigue poner cara, será hoy capaz de hacer lo que hay que hacer.
Es triste, pero los miembros del comando, con su lógica radical, interpretan la vida con el prisma equivocado del odio y la venganza; por eso están contra todos, contra el mundo, aunque el mundo no hubiera reparado nunca antes en ellos; o quizá un poco por eso mismo. Queda la duda de si ignoran o no que sus argumentos sólo cobran validez en sus obtusas y enfermas mentes.
Sí, el viento es el aliado definitivo que, sin embargo, reniega de serlo al conocer las intenciones de todos ellos y, sabedor de que no puede cambiar su naturaleza, aúlla soplos lastimeros silenciados bajo sus rugidos de naturaleza enfadada.
**
El anciano, cuya vitalidad parece reñida con su carnet de identidad, hace una pausa en la narración para levantar la mirada de un cuaderno sin estrenar y dirigirla hacia un punto de la estancia que no existe; mientras, se acaricia las cicatrices de una de sus mejillas que tampoco el tiempo quiso disimular.
—Abuelito, ¿qué te pasó en la cara?
—Nada, mi niño —responde con tristeza, y vuelve a concentrar la mirada en unas líneas manuscritas que nunca llegó a garabatear, bastante grabadas se quedaron ya en su recuerdo; y apostilla antes de continuar—, nada comparado con lo que les sucedió a otros muchos…
***
Unos nuevos actores aparecen en escena cuando bajan con premura de los camiones cisterna que los han trasladado al terrible escenario creado por el comando. El calor es sofocante, y se hace muy difícil respirar bajo unas mascarillas obstruidas por las partículas tóxicas de la ceniza; pero tienen tanta decisión como solidaridad rebosando de sus conciencias y siguen avanzando por esos caminos que les adentran en el infierno…
La otra opción no la contemplan, no pueden, todavía no… […]

© Patxi Hinojosa Luján
(20/10/2017)

martes, 17 de octubre de 2017

Con la boca abierta

Mi quinta aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Que todo vuelva a ser como antes es una quimera con la que no debo coquetear. No me hace ningún bien ni siquiera sugerirlo, pues sólo añade más frustración a un equipaje ya cargado de autocompasión.
Ellos, los de blanco, intentan que me relaje y piense en otra cosa. Sé que saben que tal cosa no es posible, lo veo en el cruce de unas miradas que se buscan sin conseguir disimular esa expresión de compasión.
Aquel accidente truncó mi carrera, y revivo el impacto a todas horas. La cámara no buscará más primeros planos míos, a mi director de cabecera nunca le gustaron las sonrisas sintéticas.

© Patxi Hinojosa Luján
(12/10/2017)

jueves, 12 de octubre de 2017

La vuelta

Mi cuarta aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

La ciudad del amor os espera, a los dos. Lleváis tiempo deseando impregnaros del romanticismo que esparce entre sus visitantes; necesitáis convertirlo en pasión, es vuestra última oportunidad. Conseguisteis encontrar el momento y vais de camino imaginándoos cómo os recibirá, sin lograr deshaceros del recelo de que os pudiera decepcionar.
La ciudad del amor tiene todo lo necesario para no defraudaros, para que vuestra estancia allí sea inolvidable. Pero si no lo fuera, siempre podríais, pensáis los dos, organizar una nueva visita durante la siguiente cita furtiva; eso sí, dejando esta vez a vuestras respectivas parejas en casa con alguna excusa no demasiado inverosímil.

© Patxi Hinojosa Luján
(04/10/2017)

viernes, 6 de octubre de 2017

Hermano


Lo recuerdo a la perfección, como si sólo hubieran pasado cincuenta años, y es que sólo han pasado cincuenta años…
*
Se escondía detrás de esa cara de pillastre que te analizaba sin llegar a incomodar a pesar de lo profundo que su mirada conseguía escrutar a quien se descuidaba. El pelo largo y rubio, bastante largo y muy rubio, le otorgaba un toque exótico —eran otras épocas—, y su atractivo físico, que aún hoy intenta mantener con cierto éxito, nunca pudo competir con el otro, que mantiene intacto hasta el momento.
Desde el principio fue encantador, por partida doble; a su encanto personal sumó siempre el don de cautivar con su seductora conversación. Estos últimos años, además, ha conseguido fijar un diente más en el engranaje de sus pasiones y lo es ya por partida triple: encanta también con sus magníficos escritos, pero eso va después.
Por aquellos entonces compartíamos rellano de escalera, para bien, y banda sonora de gritos y golpes en nuestros hogares, para mal, aunque conseguimos que fueran tales a cambio de desgastar nuestras almas. Hoy en día aún seguimos parcheándolas con la dignidad que nunca perdimos gracias a la ayuda mutua; y si en algún momento un par de enérgicos ¡toc, toc! en mi puerta me trasladan a la época de sus escapes a la carrera —aferrado a una mano maternal que cada vez aferraba menos pensando como estaba en su propia huida—, en busca de refugio en nuestro hogar, una trinchera que no era tal, visualizo que el amparo fue mutuo también, que siempre lo fue cuando abríamos la puerta sin preguntar.
**
Tiene la suerte de que su dorado cabello de antaño camufla hoy muchas de las canas que pugnan por hacerse visibles, aunque no puede evitar que el conjunto vaya plateándose por momentos. Por ahí se comenta que en las noches de luna llena se le puede ver negociando con ésta, intentando trocar parte de su nívea carga por una inspiración que él ya tiene a raudales, le vino de serie; tanto es así que mantiene a sus musas en un expediente de regulación de empleo indefinido. Por tanto, no hagáis caso de aquellas habladurías, yo sé bien que si se les ve juntos es porque son amigos y confidentes, me lo confesó ella una noche en la que él se entretuvo soñando mundos con menos seres y más humanos.
Pero la blancura de su cabellera no es lo único que disimula, el paso del tiempo nos ha deparado muchas vivencias que debemos proteger; en eso creo que me siguió, cuando yo aprendí de la suerte de vida que, por momentos, nos tocó en desgracia. No soy su maestro tampoco en esto, como sí lo es él para mí en ese arte que tan bien domina y que le permite crear universos paralelos con danzas lingüísticas que coquetean con la cuarta dimensión, y con alguna más; sólo juntando palabras, o nada menos que así…
Hoy, y desde hace varias décadas, compartimos tren y valores de esos que no cotizan en bolsa, y aunque no hacemos lo propio con el vagón, cuando las fichas del casino están de rebaja, sólo entonces —¡ay, la crisis!—, apostamos decididos a los dados; aunque no creo en ella, la suerte hace que cada dos por tres nos salga un seis que nos permite trazar una curva temeraria para acercarnos en una recta, imposible hasta ese momento. Entonces, juntos nos comemos el mundo a bocados de recuerdos.
¿Os he dicho ya que él es mi hermano?; ya lo era el de la cara de pillastre, aunque entonces él no lo supiera, aunque no lo reconociéramos ninguno de los dos.
***
La luna, llena ella esta noche, me acaba de guiñar un ojo, como diciéndome que lo deje ya, que me vaya a dormir. A mí no me engaña, sé que lo hace porque quiere quedarse a solas con él una vez más; ¡es lógico!, tiene la mejor conversación, la más interesante y culta, pero no me importa, al contrario, al fin y al cabo todo queda en familia. Y así, cuando en casos como este me doy la vuelta y me retiro con discreción, una sonrisa de orgullo anida en mi rostro y sé que se mantendrá ahí por mucho tiempo.
****
¿Sabéis?, creo que aceptaré el consejo; suelen decir que la luna no acostumbra a regalar guiños a no ser que las botellas se hayan vaciado, y la mía de ron añejo está a punto de sacar billete para el contenedor de vidrios.

© Patxi Hinojosa Luján
(Con la Luna, llena ella, testigo del paso del día 05 al 06/10/2017)

martes, 3 de octubre de 2017

58


Te soy sincero, ya ves, no esperaba este final
Trato de huir de mi reflejo
Quiero verte en versión original
Sigo tus huellas sin complejo

Supongo que te cansaste de mí
A veces pienso que no estabas aquí
Hoy pretendo volver a ser tu amigo

Acepta ya que al final anidé en tu matinal
Dicen que se avecina nieve
Voy directo a tu punto cardinal
Que llega ya el 59

Ensaya un día dejarte cuidar
Mis torpes modos conseguiste olvidar
Debo ser el que tú deseas
Busco verme entre tus ideas
Hoy aspiro a volver a ser tu amigo

Pruebo a acompasar nuestros latidos
A acomodarme en tus sentidos
En este nuevo guion
Sabes, no importa que haya espectadores
Si tú y yo somos los actores
En el montaje final

© Patxi Hinojosa Luján
(03/10/2017 - Último día de mis 58 años)

martes, 26 de septiembre de 2017

Desesperanza

Mi tercera aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Desde el día que murió, la alegría comenzó a evitarme hasta acabar desapareciendo. Dijeron que llegaría a sobreponerme a su ausencia, que encontraría otras caricias con las que olvidar las que aún sueño como reales. Con el tiempo, la frecuencia de esos estímulos decayó en la misma medida que mi ánimo, y hoy, en la penumbra de mi soledad, echo de menos aquellas y la pena dibuja vacío.
Una noche más, mis pasos me llevan de vuelta al frío hogar con la parsimonia de la desesperanza. Dejo atrás esa tumba que tanta nostalgia destila mientras vomito un aullido, ya no me quedan fuerzas para ladrar…

© Patxi Hinojosa Luján
(21/09/2017)

martes, 19 de septiembre de 2017

Desnudo


Aún hoy tiemblo al recordarlo, incluso mi cuerpo empieza a sudar sin motivo aparente para los ojos extraños que me puedan observar.
Los dos éramos muy jóvenes, aunque no tanto como para no desear ya en aquellos tiempos liberarnos de una adolescencia que suele enquistarse a veces, aunque sea sólo en los sujetos más temerosos de asumir responsabilidades.
Como os decía, tiemblo al evocarlo, admitiendo que desconozco de dónde pude sacar la osadía para pedírselo, para pedirle que se desnudara para mí; pero el caso es que lo hice y, aunque no reaccionó enseguida, lo cierto es que no salió huyendo, y yo lo interpreté como todo un éxito previo al inevitable triunfo final.
A partir de entonces, con una complicidad recién estrenada, escapamos juntos en más de una ocasión a esa cara de la Luna que se oculta ante nuestros ojos pero no ante nuestros anhelos, y así podíamos seguir estudiándonos para aprendernos el uno al otro con la privacidad que da la intimidad. Recuerdo esas escenas, y otras con tanta o más carga de pasión, como si hubieran sucedido hace un momento, justo antes de elegir esta manzana que ya antes se eligió para mí y que acabo de morder. Y ahora sonrío, pues la equiparo a aquel recuerdo; parece que no pudiera resistirme a algunas tentaciones…
Llegados a este punto, caigo en la cuenta de que algunos de vosotros, amables lectores, quizá estéis pensando que este es tan buen momento como cualquier otro para que aparezca en el relato ese giro que termina por otorgar al texto un significado situado en el extremo opuesto de lo que se suponía hasta entonces... Siento decepcionaros, esta vez no hay tal giro final. En efecto, es cierto que le pedí que se desnudara, como pensaba hacerlo yo también, y no tardó en complacerme, pues lo hizo pocos días después cuando me abrió de par en par su corazón en un apasionado e integral desnudo emocional.
Porque…, eso era lo que habíais pensado, ¿no?  

© Patxi Hinojosa Luján
(19/09/2017)

lunes, 18 de septiembre de 2017

La porción

Mi segunda aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Otra vez a oscuras, en silencio, cómplice de una sonrisa inocente que veo disfrutar.
Hoy es un día que en otra época fue especial, aunque procuro mantener bien escondido ese matiz a sus ojos. Él ignora que esta tarta, nuestro regalo por su cumpleaños, disimula lágrimas en su masa; cree que vendrá a por su porción, y que por eso le esperamos escondidos, ¡sorpresa! Mas lo cierto es que nos refugiamos en la clandestinidad del silencio, de la oscuridad, de la discreción del maquillaje… Y que rezo para que se equivoque, para que jamás volvamos a ver al monstruo.

© Patxi Hinojosa Luján
(14/09/2017)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Íntegro


Cuenta la leyenda que jamás lograrás verlo si tu mirada no es capaz de buscarlo, que no estará cuando no lo eches de menos, porque él nunca se manifestará si es para estar de más. Cuenta otras muchas cosas, cierto, por algo es una leyenda, pero sólo es eso, o nada menos que eso. Por ello mismo opto por aparcar este libro que no he llegado a abrir y os contaré lo que el álbum de mis recuerdos aún conserva con mayor o menor claridad.
Es imprevisible, tanto como lo pueden llegar a ser nuestros pensamientos, y se nos puede aparecer en el momento y lugar más inesperados. Su conversación es relajada, ponderada, esclarecedora, conciliadora…, siempre. Sin saber por qué, cuando nos damos cuenta de que no nos importa compartir con ese desconocido nuestras intimidades, ya le hemos invitado a visitar los recovecos más recónditos de nuestras personalidades; pero no utiliza estos recursos para su beneficio, al contrario, sólo le interesa una cosa: ayudar de manera incondicional.
No exagero un ápice si afirmo que él es un ser íntegro a todos los niveles; y creo no equivocarme si considero que humano es un adjetivo que no le hace justicia, se le queda corto, demasiado…
*
—¿Va bien así, sí?, ¡estupendo! Entonces, ¿podría apartarse, aunque sea sólo un poco, por favor?..., es que, verá, sus alas me hacen cosquillas, sobre todo la derecha, se le está desprendiendo; y además, ¡ejem!, me está haciendo daño esa pistola clavada en las costillas…
**
Decía…

© Patxi Hinojosa Luján
(16/09/2017)

viernes, 15 de septiembre de 2017

La barrera


(Soneto fecho «casi» al itálico modo y dedicado a mi hermana en «la menor» Monse en su cincuenta cumpleaños)

Hoy te toca a ti, hermana en «la menor»
Pasar la barrera de los cincuenta
Ya nos llegó a todos sin darnos cuenta
Y en tu caso lo aceptamos con humor

Sé que lo afrontas carente de temor
Pues ya tu troupe te aleja la tormenta
Tres chicas, dos chicos, esa es tu renta
Grupo tan unido que es todo un clamor

Ves que un nuevo tiempo se manifiesta
Ayer irrumpió el cambio de sopetón
Hoy desestimas echarte una siesta

Y así, colmando de pasión su zurrón
El destino se incorporó a tu fiesta
Y te tatuó una nieta en el corazón

© Patxi Hinojosa Luján
(15/09/2017)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Indolencia

Mi primera aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Ya sé que no te importará, por mí también pueden coger todo lo que les interese. ¿Sabes?, ellas sí consiguen vivir como una verdadera sociedad; y lo mejor de todo, no son nada ruidosas, se cuidan de no molestarme cuando estoy cansado, cuando descanso o cuando no quiero que me molesten, y eso no lo puede decir todo el mundo, ¿verdad?
Hormigas… A mí no me importa que acudan cada vez en más número a la llamada de sus congéneres, pero ahora debo tener mucho cuidado, mirar bien dónde piso, no quiero más cadáveres en la casa aparte del tuyo.

© Patxi Hinojosa Luján
(06/09/2017)

martes, 12 de septiembre de 2017

El porqué


Deslizo, travieso, mi osadía por debajo de tu alma hasta soñarnos en un nuevo beso que siempre es aquel primero. Entonces nos veo: a mí en un blanco y negro que, ilusionado, se va tiñendo de tu mundo de colores imposibles; a ti en color, condenando la puerta al salir del mío, el negro y blanco del que me rescataste.
Y en ese preciso instante lo recuerdo cada vez, recuerdo el porqué…

© Patxi Hinojosa Luján
(12/09/2017)

sábado, 2 de septiembre de 2017

La extraña luz en el cielo


Estaba el otro día escuchando la radio; hablaban de alta costura y su influencia en nuestra sociedad, asunto serio donde los haya, cuando, de repente aunque con aviso previo, cambiaron de tema y se pusieron a hablar de platillos volantes, de ovnis, vamos… A punto estuve de cambiar de emisora, pero algo superior a mí hizo que dejara tranquilo el dial, supuse que sería la curiosidad.
Yo, que nunca he creído en todo esto de los fenómenos paranormales y de las posibles visitas de seres extraterrestres, aluciné con los testimonios de personas que llamaban al programa para compartir sus supuestas experiencias. La verdad es que me irritó sobremanera la carga de trascendencia y verosimilitud con las que las acompañaban, como si pensaran que los oyentes les estábamos creyendo; y eso estaba reñido con la clara evidencia, a todas luces.
Cuando terminó el programa, apagué el aparato y salí de casa. Había leído que ese día estrenaban la nueva película de un joven director que parece ser que prometía, y yo tenía ganas de cine esa noche. Hacía un buen rato que había anochecido por lo que conducía despacio por la ciudad, he de reconocer que mirando de reojo al cielo, aunque no esperando ver nada raro.
Y entonces lo vi, un círculo perfecto, muy brillante, de color verde, inmóvil ahí arriba justo encima de nosotros. Frené de golpe, oí frenadas detrás de mí, supuse que de personas que, como yo, admiraban extrañadas el espectáculo. Casi sin darnos cuenta ascendió sin hacer ruido alguno cambiando su color al del sol, mas fue solo un instante porque al momento nos retaba desde una posición un poco más elevada a la vez que adquiría un nuevo color: rojo intenso y muy brillante. Ahora recuerdo que oí algún sonido estridente y agudo que no pude interpretar al estar hechizado por la visión. De repentemente —¡uy, perdón!—, volvió a descender y a mutar de color hasta el verde con que se nos presentó al principio. Yo ya no sabía qué pensar, deslumbrado como estaba por el espectáculo, cuando volvieron a sonar los diabólicos ruidos acompañados en esta ocasión de unos sonidos guturales, como llegados de ultratumba, entre los que… algo sí llegué a entender:

—¡¡¡¿¿¿Pero tú eres gilipollas???!!!, ¡¡¡arranca ya que se nos va a volver a poner el semáforo en rojo otra vez…!!!

© Patxi Hinojosa Luján
(02/09/2017)

(Este año se cumple el cuarenta aniversario del estreno de Encuentros en la tercera fase, del genio Steven Spielberg. Sirva este micro de humor de humilde homenaje)

jueves, 31 de agosto de 2017

No más monstruos


El amanecer ha reincidido con las cosquillas de sus primeros rayos despertando a mi compañero de fatigas, envolviéndolo en una calidez que solo será protectora hasta que constate que necesita algo más, bastante más. Yo he quedado en un segundo plano, pero no se lo reprocho a la ardiente esfera, más temprano que tarde actuará igual conmigo y yo tengo por máxima no cuestionar los regalos, ni en su cantidad ni en su oportunidad.
Como cada mañana saco a pasear mis necesidades y expectativas para que se aireen al mismo tiempo que mis ideas, mas debo hacerlo esquivando miradas de desagrado y desprecio. Las de odio también nos acorralan, se distinguen con cruda claridad porque acostumbran a acompañar al brillo de los ojos rojos, ceños fruncidos y mandíbulas y puños apretados como si les fuera la vida en ello; pero se mantienen, cobardes como sus poseedores, algo más alejadas, no en vano mi compañero ha aprendido a mostrarles sin disimulo sus colmillos cuando nos ve amenazados, lo que nos suele servir como medida disuasoria, solo a veces...
Utilizan también la violencia verbal con fluidez. Con ella nos apremian a que abandonemos un espacio que los de su clase no frecuentarán jamás, y nos exigen que no volvamos. Nos amenazan con uniformes y leyes, con desprecio, con la violencia de Goliat contra un David que aún no ha conseguido pasar la ITV de su honda.
*
Esta mañana me he propuesto, una vez más, erradicar de mi mundo unos monstruos, los más temibles, los que nos acechan a plena luz del día: urgencias, exigencias, prejuicios, cobardías, malos modos, violencia…, y como cada mañana me escondo tras la excusa de que eso no depende de mí, nada de eso. El tenue alivio que me invade no consigue esconder un punto de frustración y otro de vergüenza.
**
Un día más aireo el mismo propósito de los anteriores y me parapeto en mi restaurada excusa de que alcanzar mis anhelos ya no solo depende de mí. Me envuelve un alivio aliñado de esperanza. Sigo soñando.
***
Amanece un día que no va a ser otro más. Esta vez los primeros rayos me han visitado antes a mí. Recojo mi modesto campamento y hago limpieza en lo que ha sido nuestro hogar durante los últimos meses, el banco merece estar aseado cuando lo utilicen otras personas, y esas personas se lo merecen tanto o más que aquel. Es cuestión de respeto y de sentido común, tan solo. Mientras, mi compañero se mueve en círculos meneando la cola, feliz, sabedor de que viajaremos sin sentido ni dirección fijos ahora que caminamos por la senda adecuada, una senda en la que ya no aceptaremos más monstruos.

© Patxi Hinojosa Luján
(31/08/2017)