viernes, 4 de agosto de 2017

Solitario, pero menos


No sé cómo he podido llegar hasta aquí, pero sí sé que ya no habrá vuelta atrás…
***
Los veo levantarse de sus sillones y aproximarse, desconcertados, hasta mi posición; mientras lo hacen, murmuran entre sí palabras que me resultan incomprensibles, absurdas.
—¡¡No se acerquen, que no respondo!! —Acierto a decir sacando un poco la cabeza del pozo donde me ha encerrado mi nerviosismo.
¡No, por favor, no le haga daño! Ella no es responsable de nada, es inocente, ¡se lo juro! responde el director de la peculiar asamblea, acercándose a mi posición con prudencia mientras relaja el nudo de su garganta al aflojar el de su corbata.
—¡Alto, ni un paso más! —Añado, ahora con más convencimiento—, tienen que volver a oír mis condiciones y aceptarlas, de lo contrario…
—… ¿Qué?, ¡no irá a hacerle daño! —Corta el jefe que ya ha mandado sentar a los demás miembros de su junta de gobierno; se aleja un par de metros por precaución.
—Si la restituyen y anulan la prohibición de su uso, les prometo que se la devolveré intacta; si no, quizá me vea obligado a ofrecerles la representación de una tragedia en directo, aténganse a las consecuencias…
—¡Ah! Ya entiendo, ahora lo veo claro: usted es el loco que nos envió aquellas amenazas tan ridículas, a las que, por cierto, no dimos ninguna credibilidad.
»Se lo ruego una vez más, no haga más tonterías, déjela libre; ella es un icono para todos nosotros, el símbolo de nuestra exclusividad.
»… Y ya dijimos en rueda de prensa que la nuestra no era una prohibición absoluta, sino una recomendación; encarecida, eso sí. No hacía falta llegar a esta pantomima.
—¡No mienta más!, usted sabe tan bien como yo que plantearon su exclusión como definitiva —Recompongo mi figura para teatralizar mi alegato final:
»Se lo advierto por última vez: si no nos devuelven el uso de la tilde para nuestro «solo» menos solitario, asistirán a una amputación, la que sufrirá esta letra. Me llevaré la virgulilla de la «ñ» como trofeo; ustedes verán para qué les sirve una segunda «n» y cómo reescriben sus tratados de Historia, sus libros de Literatura

© Patxi Hinojosa Luján
(04/08/2017)

martes, 1 de agosto de 2017

El solar (y 3)


Al final va a resultar que el todopoderoso tiempo, sin dejar de alardear de su lógica indescifrable, toma una nueva dimensión para los que, como yo, ya han dejado de ser. Veréis… En este nuestro momento, tan atemporal, los plazos de permanencia han vencido y lo que una vez nos definió como ente físico ya no descansa en la misma zona del solar que tantas veces contemplé con aquella mezcla de intriga, fascinación y atracción; no encontraría forma alguna de asegurarlo sin que pareciera un verdadero disparate.
Mas no tendría que ser consciente de nada de esto, a no ser… ¡sí, va a ser eso…! Interiorizo que quizá no sea del todo erróneo considerar que en mi caso, como en otros muchos, haya quedado algún tema pendiente, y algo parecido a una visión evoca el brillo del estilete pegado a mis restos.
¿Alguien estuvo atento y rápido para hacer desaparecer el arma de su crimen en el lugar y momento oportunos? Claro, ¿qué le importaba a quien fuera que se descubriera durante el traslado, manchado con el rojo de su víctima, si no se abriría ninguna investigación al haber prescrito el delito…?
¿O no? pienso, incrédulo, mientras retiro mi irreal vista de la nueva visión que presenta mi mano izquierda, bajo la derecha, empujando aquel acero en el espacio justo que latiría al son de mi corazón por última vez. ¡Oh, no!
El solar… Sonará a desvarío, pero añoro el solar de enfrente, el que albergaba mi hogar, con aquella ventana siempre tan abierta…

Para Oscar, él ya sabe por qué…

© Patxi Hinojosa Luján
(01/08/2017)