miércoles, 26 de febrero de 2014

TIRO FALLADO

       Desde el mismo instante en que se conocieron, no pararon de contarse cosas, en muchos casos intimidades, de sonreír, de soltar carcajadas, incluso. Parecía que ambos habían sido víctimas del «flechazo» de Cupido y no pensaban más que en ese momento que compartían. Ni siquiera la brusca aparición (así les pareció a ellos al estar tan concentrados en conocerse) de un agente de la autoridad solicitándoles el oportuno documento les hizo apartar su mente y su atención de aquello que los tenía ocupados, y casi ni vieron desaparecer la silueta de aquel cuando siguió con su cometido mientras se alejaba.

       De pronto, sobresaltada, ella dio un salto. No se había percatado de que el tren de cercanías estaba desde hacía unos instantes en la estación en que debería haberse apeado, y se disponía ya a proseguir su marcha, justo en el momento en el que los pies de ella acabaron de posarse sobre el andén, más pesadamente de lo habitual.

       Y ya no volvieron a coincidir nunca más…

       La imaginaria flecha se había roto en mil pedazos y Cupido no pudo sino marcar una «X» más en la columna de los fracasos. La verdad es que no había comenzado bien la semana, no… —Me estaré haciendo mayor, me falla la puntería demasiado últimamente— se dijo, y partió en busca de un nuevo reto con la esperanza de, esta vez, obtener un mejor resultado.

Patxi Hinojosa Luján
(26/02/2014)

sábado, 22 de febrero de 2014

El patrón de costura, el patrón de la vida


Dibujaba e interpretaba los patrones de costura como nadie, era su oficio y lo hacía con la perfección que da la profesionalidad cuando ésta va acompañada además de mucho amor por su trabajo y de todo el talento innato para él con el que nació. Podemos decir que los patrones nunca supusieron ningún misterio para ella hasta tal punto de que con una sola prueba sus clientas podían disponer ya de la prenda que habían encargado, lo que suponía una comodidad añadida a la satisfacción que «siempre» se llevaban cuando bajaban del segundo piso de nuestro inmueble con su paquete bajo el brazo y una sonrisa que escondía la seguridad de saber que desde ya poseían una pieza única con la que durante los siguientes meses se sentirían «especiales».
Pero no es por semejante muestra de actividad artística por lo que hoy mis musas particulares, becarias aún ellas, me han echado del sofá con un buen puntapié y me han «ordenado» que me ponga manos al teclado, no, sino por otra suerte de patrones, los que nuestra madre nos fue mostrando a sus cuatro hijos para que aprendiéramos a defendernos solos en esta vida mientras nos inculcaba los valores que, para bien o para mal, hoy conforman una buena parte de nuestro activo personal.
Patrones de conducta, donde siempre hizo especial hincapié en el respeto a los demás y sobre todo en la aceptación como normal de todo lo diferente.
Patrones de educación, porque ella siempre quiso que sacáramos lo mejor de nosotros mismos, por encima del hecho de ser mejores que las personas de nuestro entorno.
Patrones de cultura, porque nunca puso trabas a nuestro acceso a ella. Todo lo contrario, nos animó y contribuyó dentro de los parámetros de la modesta economía familiar (de la que nuestra madre era un sustento básico y muy importante) a que nos empapáramos de y en ella todo lo posible.
Y, sobre todo, patrones de afectividad y cariño. Cariño y generosidad. Creo no equivocarme al afirmar que si hoy sabemos querer (del verbo amar) y querer (a nuestros amigos) es por encima de todo porque ella nos lo enseñó así, lisa y llanamente. Y si alguna vez somos generosos, es por el ejemplo que tuvimos en Ella, y también en Él, por qué no decirlo si queremos ser equitativos.
Y, ¿sabéis qué?... con nosotros también, al igual que le ocurría con sus clientas, sólo necesitaba de una prueba de todos estos patrones, y de muchos otros que sin duda mi «trabajada» memoria olvida, lo que añade más mérito a todo lo positivo que nos dejó como imprescindible legado para este mundo en su corta vida mortal.
Pero no sería justo, en absoluto, no mencionar aquí que su vida no fue nada fácil, y que en muchos momentos de ella no fue feliz, o por lo menos no tanto como hubiera deseado, y no por haber elegido a la pareja equivocada (persona, nuestro padre, a la que dedicaré en su momento otro relato), que no creo que fuera así, sino porque ésta, aunque la quisiera a su manera al máximo, fue muy injusta dentro de su relación con ella por no haber tenido nunca la valentía de hacer frente a su «debilidad», primero admitiéndola y luego derrotándola, aunque sólo fuera por demostrar y demostrarse su amor hacia ella y no por satisfacción propia. Ella se lo merecía y se nos fue sin poder verlo ni disfrutarlo. Esa espina la tenemos clavada tan cerca del corazón los cuatro que, en  ocasiones, éste nos lo recuerda molesto. ¡Qué se le va a hacer! En todo caso no deja de ser un mal menor…
Fíjate, mamá, si dejaste huella en este mundo, que tus nietos, esos nietos que no tuvieron la suerte y el privilegio de conocerte y convivir contigo, ¡te adoran!, aunque nunca pudieran recibir tus besos ni tus abrazos; ni siquiera escucharte contarles un cuento mientras el sueño los transportaba a mundos imaginarios en los que seguro se sentirían plenos de felicidad. Ellos también te echan de menos, a su manera, ¡claro! Bueno, todos no, seguro que uno de ellos frecuenta tu compañía espiritual desde hace ya algún tiempo, ¿no es así? Sólo espero y deseo que lo que veáis juntos desde donde sea que nos observéis sea de vuestro agrado…
Así que, descansad en paz los dos, por aquí aún seguimos los patrones, o eso intentamos al menos…

© Patxi Hinojosa Luján
(21/02/2014)

domingo, 9 de febrero de 2014

Despertares

Tengo un amigo de toda la vida, fuimos compadres en flor… * y aún lo seguimos siendo, porque esa flor, la flor de la pasión por todo lo que consideramos bello en nuestras vidas, sigue sin ni siquiera insinuar que pudiera empezar a marchitarse en algún momento; y esto, en ambos casos, y a pesar de todo…
 Pero él, mi hermano menor, tiene desde hace ya algún tiempo su demonio particular en forma de momento del día, en concreto ese que se inicia cuando tienes consciencia de que te has despertado del todo y entonces «recuerdas», como si te dieran una puñalada por la espalda, que el regalo de un nuevo amanecer puede llegar a ser un regalo envenenado al llevar consigo en un paquete indivisible la conocida y «visitada» rutina laboral con sus múltiples… digamos incidencias, para no utilizar palabras malsonantes a éstas que suelen ser tempranas horas del día; ese momento que llega hasta que, armado una vez más de valor y con alguna ayudita externa, se enfrenta a él. Y le vence, siempre hasta ahora, aunque pocas veces sea por KO y la mayoría lo sea a los puntos, con un exiguo margen de ellos.
A mí, su hermano mayor, me ocurre justo lo mismo, en el planteamiento, en el desarrollo y en el resultado final, y no es plato de buen gusto, no, menos aún viendo que se prolonga en el tiempo, demasiado. Llega a ser muy cansado porque roba demasiada energía, aunque la pasión antes mencionada nos la va regenerando cada vez; de momento, no sabemos hasta cuando, aunque de alguna manera esto también dependa de nosotros…
Lo peor de todo esto, y sin duda lo que más nos duele, son los efectos negativos en forma de contaminación psicológica, y que a su vez genera por momentos una gran angustia, en las personas que comparten nuestro viaje. Esas personas que esbozan un gesto en forma de sonrisa, a hurtadillas, mirando al cielo sin saber por qué, cada vez que creen que nadie les ve al observarnos, cuando a su vez nosotros creemos que nadie es testigo de nuestras acciones al habernos olvidado por un momento de nuestro demonio particular y estamos inmersos en alguna de ésas nuestras pasiones salvadoras. 
Y éste no es un mal momento para confesar que el mayor error que solemos cometer es olvidar, aunque sólo sea por un instante, que en ellas, en esas personas resignadas a su destino a nuestro lado, tenemos el mayor y más importante exponente de nuestras pasiones, ¡nuestro mayor Tesoro!
Así que, y por todo lo expuesto, ¡nadie podrá con nosotros! No lo olvides, hermano.
Nadie podrá con nosotros, pero estuvieron muy cerca ayer…  #

*¡Gracias, Joan Baptista!
# ¡Gracias, Quique!

© Patxi Hinojosa Luján
(09/02/2014)