domingo, 8 de noviembre de 2015

Yo también estuve allí


(Personal reseña del concierto presentación del álbum «Cuestión de intensidad» de Txetxu Altube, celebrado el viernes día 16 de octubre de 2015 en la Sala Galileo Galilei de Madrid)

Hay ocasiones en las que las circunstancias de nuestro entorno bajan la guardia y te permiten aplicar la máxima vital de que «en el fondo, al final todo es cuestión de prioridades», y resulta que ese día no otorgaba opción a duda alguna.
Si lo suyo prometía ser «Cuestión de intensidad», lo nuestro era cuestión de expectativas, que las teníamos, y muchas y muy altas. Aunque ya veníamos intuyendo que casi con total seguridad todas se verían desbordadas, lo que ocurrió con ese torrente de emociones que nos deslizó desde y hasta el éxtasis musical y festivo fue como el impacto contra un tren de mercancías cargado de entusiasmo. Partiendo de esta premisa, todo fluyó con total naturalidad: Dominio musical, voz templada, sentimiento, improvisación, savoir faire, humanidad con clase y clase de humanidad, y, cómo no, Pasión —así, con mayúsculas— como parte de un menú que se nos tenía reservado para ese buffet libre en que se convirtió la cita que ya había derivado en fiesta desde el mismo momento en que se programó.
Las canciones —cuánta belleza en todas, pero aquí no entraré en detalles, lo dejo para las crónicas musicales al uso, y esta pretende no serlo— fueron sucediéndose unas a otras mientras la conexión entre escenario y público se ajustaba al milímetro entre flashes, presentaciones, dedicatorias y Arte; Arte en las melodías, Arte en las letras, Arte limpio, sin maquillar, sin engaños, valor en alza en estos tramposos días de crisis, tanto moral como material. Y tanto es así que el recital se hizo corto, ¡tan corto!
Después de semejante regalo y de bajar de la nube, llegó el momento de serenarse charlando con alguno de los asistentes al concierto y con varios de los músicos también. Grandes también fuera del escenario Jitka Kubesova, Javier Celada y David Castro —de los Street Wings—, grandes el resto de la banda, Nacho Mur, Txarli Arancegui, Alejandro Martínez y, cómo no, Carlos Altube; y grande ese invitado especial que fue Jorge Marazu, al que desde entonces suelo acompañar a menudo a Escandinavia para recrearme en los poéticos y musicales «adioses»…
Era también el tiempo de ignorar el sudor y refrescar la garganta, seca y rota por haber formado parte de un improvisado y multitudinario coro sin ensayos previos.
A continuación, el esperado abrazo al protagonista de la noche, posterior al ritual de la dedicatoria con firma del cd —inmortalizado en la foto de rigor— ya nos advirtió de que aquello se estaba acabando; yo lo recordaré mientras mi cuerpo me dé margen para poder disfrutar una canción más.
Algo más tarde, cuando desperté en la oscuridad del hostal de turno con todos los segmentos encendidos todavía —carga completa de energía—, constaté que todo había sido un sueño, de esos que se sueñan despierto en la cálida compañía de buenos amigos —gracias María, gracias Pedro por ahuyentar mi soledad con esas charlas regadas con cerveza y mucho feeling—, que es lo que hicimos esa noche hasta bien entrada la madrugada.
Todo esto bien podría haber sucedido en cualquier otro tipo de evento, sí, pero da la casualidad de que fue en un concierto de Música. Podría haber sido un concierto de cualquier otro artista, cierto, pero en esta ocasión lo era del señor Txetxu Altube. Y, por supuesto, un servidor podría no haber estado presente, pero resulta que, junto a otros muchos cientos de entusiastas amantes de la Música, llenamos, o mejor dicho, reventamos la Sala Galileo Galilei.
Sí… ¡yo también estuve allí!, y puedo confirmároslo: en efecto, fue «Cuestión de intensidad», de mucha...

© Patxi Hinojosa Luján
(08/11/2015)