viernes, 4 de julio de 2014

No, ¡esta vez no!

       Me interpuse en la trayectoria de aquel niño que corría atropelladamente, aunque no llegó a chocar violentamente conmigo al extender yo mis brazos y acogerlo en mi regazo con toda la suavidad que me permitía mi situación. Mientras lo mantenía inmovilizado, un par de lágrimas de felicidad se deslizaron por mi ya alegre rostro, lo que contrastaba con su enfado, que iba en aumento a medida que intentaba zafarse de mi placaje, he de decir que sin conseguirlo.

       Pero él no podía saber que, treinta y tres años atrás, fue del patio de mi colegio desde donde se escapó un balón a la calle, y yo no tuve la suerte de que alguien en silla de ruedas se interpusiera en mi despreocupado camino en pos de su recuperación, llegando a adentrarme en plena carretera…

Patxi Hinojosa Luján
(04/07/2014)