jueves, 17 de diciembre de 2015

… y 100.


No se hubiera escenificado ni en mis mejores sueños; no lo hubiera soñado ni para el más optimista de mis proyectos. Pero hete aquí que estoy dando forma al texto que tendrá el honor, numérico, de portar la redonda cifra «100» entre los que he tenido la fortuna de poder editar en la red social literaria, esa que tanto me ha aportado e instruido; y espero seguir haciéndolo, tanto aquello, publicar, como esto, formarme.
Os aseguro que no soy sino un eterno aprendiz, lo que me mueve a no quedarme quieto en lo que a juntar palabras se refiere, por un lado, y a disfrutar con todo lo que ello conlleva, por el otro, al que no otorgo menos importancia. Soy consciente de que algunos de los textos compartidos con todos vosotros, amigos literarios, no son todo lo bueno que os merecéis, y que, por contra, otros ni llegan a la altura de aquellos… De ahí lo que os decía de mi objetivo de seguir aprendiendo para que la afrenta sea cada vez menos grave.
Escribiendo de y sobre nuestros deseos, inquietudes, ocurrencias, sentimientos, sensaciones, opiniones, al final quedan frases, párrafos y textos más o menos acertados, es cierto, y el saber que ciertas personas te regalarán unos valiosos minutos de su tiempo para valorarlos e interpretarlos cada uno según su particular apreciación, es un regalo de un valor incalculable; además, algunos compañeros y compañeras han traspasado la frontera que delimita la red y han llegado a convertirse, por diferentes vicisitudes que no vienen al caso, en amigos al margen de las lecturas de turno. Todo ello reconforta tanto que te enriquece el alma y, si cabe, te normaliza el latir cardíaco.
En serio, ni por lo más remoto podía imaginar que llegaría a esa cifra de relatos, entre otras cosas porque cuando escribo, lo hago con normalidad, pero luego me corrijo, me vuelvo a corregir una y otra vez, y nunca sé a ciencia cierta si hubiera sido mejor o no dejar todo tal y como se planteó en un principio. Vamos, que me cuesta «Dios y ayuda» componer cada uno de ellos. Y, ya que estamos metidos en faena, quisiera aprovechar para daros a todos y cada uno las gracias por pararos a leer mis cosas y por vuestras inestimables palabras de ánimo, he de reconocer aquí que casi siempre exageradas.
Pero ya acabo y no quisiera desviarme del motivo que me ha incitado a juntar estas palabras, y que no es otro que el hecho de las fechas en las que nos encontramos y que propician el que os desee a todos, os gusten o no estas fiestas, las celebréis o no, que este fin de año 2015 sea maravilloso, aunque muchísimo peor que lo que os espere para ese 2016, coqueto por bisiesto, que de vez en cuando asoma su nariz, impaciente, por la esquina del cambio. Brindemos por ello: ¡¡¡Salud!!!
Y para finalizar, permitidme que utilice el singular, lo prefiero aquí: Un muy fuerte abrazo, amigo, ya sabes que te lo mando con el corazón porque, aunque es más fuerte, oprime menos.
¿Nos vemos en el 101…?

Dedicado a los amigos de Falsaria, increíbles escritores y generosos lectores.

© Patxi Hinojosa Luján
(17/12/2015)