lunes, 16 de mayo de 2016

Casino Universal


Como la suerte le trató, desde antes incluso del instante de su nacimiento, de igual manera que se hace con el camarada más fiel, él se apropió de la certidumbre de que esa relación duraría toda la eternidad y así nunca creyó necesario actuar ni con algo de responsabilidad ni con demasiada cautela.
Frecuentaba situaciones en las que, como en múltiples ocasiones anteriores, necesitaba reconducir sus pasos al ser consciente de que en la última encrucijada había tomado el camino equivocado y de que su vida, por tanto, ya no presentaba el guion que había visualizado con antelación.
Otra vez frena de golpe justo a tiempo de evitar caer en el abismo de los desaciertos y toma conciencia de que deberá volver allí antes de que sea demasiado tarde. Y lo es, porque llega a tiempo de ver cómo se le cierra la puerta en sus mismas narices. No hay necesidad de que nadie le diga que dentro del Museo de la Vida, en la sala dedicada a la suya, todos los cuadros se encuentran ya con el lienzo en blanco, sin trazos, vírgenes…
***
Tú esto lo sabes bien, por lo que giras ciento ochenta grados dos veces para encontrarte las dos con lo que ya esperas: la nada.
Una vez más, confías en que el crupier del Casino Universal lance los dados por ti en la confianza de que, como siempre hasta ahora, vuelvan a sumar siete y que la brigada de artistas pintores reinicien la tarea de plasmar sobre las telas de tus cuadros las nuevas estampas para las escenas de tu vida.
***
—No te lo había querido decir antes, pero creo que lo tuyo es una enfermedad, una adicción. No te preocupes, tiene tratamiento y no eres el único, ¿sabes que la ludopatía cada vez afecta a más personas y es uno de los males de nuestra época? —suelto casi del tirón cuando por fin me animo a exponerle mis impresiones con toda crudeza.
—Déjalo, amigo, ya si eso… —respondes sin dejar de alejarte de mí y de mis intenciones mientras lo haces. Está claro que no quieres saber nada del asunto ni enfrentarte a tus demonios.
***
Reafirmando la convicción de que para curarse de una adicción hay que querer hacerlo, y ese no es tu caso por desgracia, me retiro a mi puesto de narrador para seguir en este discreto segundo plano hasta que me encuentres cuando necesites buscarme.
Amigo, no siempre vas a sumar siete; no siempre vas a poder nacer por cesárea programada.

© Patxi Hinojosa Luján
(16/05/2016)