martes, 1 de agosto de 2017

El solar (y 3)


Al final va a resultar que el todopoderoso tiempo, sin dejar de alardear de su lógica indescifrable, toma una nueva dimensión para los que, como yo, ya han dejado de ser. Veréis… En este nuestro momento, tan atemporal, los plazos de permanencia han vencido y lo que una vez nos definió como ente físico ya no descansa en la misma zona del solar que tantas veces contemplé con aquella mezcla de intriga, fascinación y atracción; no encontraría forma alguna de asegurarlo sin que pareciera un verdadero disparate.
Mas no tendría que ser consciente de nada de esto, a no ser… ¡sí, va a ser eso…! Interiorizo que quizá no sea del todo erróneo considerar que en mi caso, como en otros muchos, haya quedado algún tema pendiente, y algo parecido a una visión evoca el brillo del estilete pegado a mis restos.
¿Alguien estuvo atento y rápido para hacer desaparecer el arma de su crimen en el lugar y momento oportunos? Claro, ¿qué le importaba a quien fuera que se descubriera durante el traslado, manchado con el rojo de su víctima, si no se abriría ninguna investigación al haber prescrito el delito…?
¿O no? pienso, incrédulo, mientras retiro mi irreal vista de la nueva visión que presenta mi mano izquierda, bajo la derecha, empujando aquel acero en el espacio justo que latiría al son de mi corazón por última vez. ¡Oh, no!
El solar… Sonará a desvarío, pero añoro el solar de enfrente, el que albergaba mi hogar, con aquella ventana siempre tan abierta…

Para Oscar, él ya sabe por qué…

© Patxi Hinojosa Luján
(01/08/2017)