martes, 1 de noviembre de 2016

La paradoja


Todos tenemos a alguien que, en algún momento, te da la espalda, te miente, te responde con un no cuando necesitabas oír un sí e incluso hace repetidas bromas con tu equipo del alma y sin embargo, y aquí entra en juego la paradoja, es posible que esa persona sea un tesoro para ti, oro puro, un diamante pulido por sus actos.
Puede que cuando ese alguien te dé la espalda lo haga para indicarte que no quiere que le expliques nada, que no lo necesita… en aquélla podrás ver escrito con vuestra sangre que él ya te apoyó sin condiciones antes de que tú plantearas el conflicto en el que te ves envuelto.
Si un día te miente, quizá sea en la seguridad de que si no fuera así dejarías más pelos de los deseables en tu gatera emocional, y lo hace confiando en que nunca llegarás a saberlo para así proteger la tranquilidad de tu ánimo.
Y te podrá decir que no, si la vida te lleva por caminos perversos en los que necesites suplicar que, por ejemplo, alguien te done un riñón; podrá ser éste el caso, sí, pero te responderá así con todo el dolor de su corazón, y nunca, y esto es lo importante en verdad, nunca sin habérselo planteado antes.
O quizá te haga bromas con el rival de su equipo, el de tus amores, aunque no admitirá jamás que desea que triunfe para verte feliz, e ignora que tú esto lo intuyes desde siempre.
Es de ese tipo de personas que llega incluso antes de que pienses en llamarle, y no se va hasta que crea que tú no notarás su ausencia, a pesar de que siempre lo hagas. Y, cuando esto no es necesario, puedes estar seguro de que en esas otras ocasiones menos trascendentes descolgará su teléfono para responderte cuando tú aún no hayas pulsado el último dígito en el tuyo.
Él te invitará las veces que haga falta a la penúltima, pero jamás a la última porque sabe que esa es la que te va a hacer mal y se enfrentará a quien haga falta para evitar que caigas en la tentación.
Además, cuando te vea de bajón, te cogerá la mano con las suyas para que notes su calor, su apoyo sin condiciones, sin importarle lo que puedan pensar los demás.
Mas si algo lo define bien es su generosidad, no en vano tiene por norma regalarte sin medida el tesoro más preciado, su Tiempo, sin esperar a cambio nada que no sea el tuyo; en el fondo del cajón de sus anhelos confía en que sea así.
Si disfrutas, amigo lector, de la inmensa fortuna en tu vida de tener cerca de ti a alguien así, entonces puedes estar bien tranquilo; a la persona que se mueve en los mundos de alguna, varias o todas esas alianzas afectivas podrás llamarle Amigo hasta que el tiempo diluya los recuerdos y la energía de vuestra amistad sirva a otras causas, cómplice de una nueva paradoja que a día de hoy no podríamos ni siquiera imaginar.

© Patxi Hinojosa Luján, a mis Amigos, a mi hermano
(01/11/2016)