viernes, 6 de octubre de 2017

Hermano


Lo recuerdo a la perfección, como si sólo hubieran pasado cincuenta años, y es que sólo han pasado cincuenta años…
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Se escondía detrás de esa cara de pillastre que te analizaba sin llegar a incomodar a pesar de lo profundo que su mirada conseguía escrutar a quien se descuidaba. El pelo largo y rubio, bastante largo y muy rubio, le otorgaba un toque exótico —eran otras épocas—, y su atractivo físico, que aún hoy intenta mantener con cierto éxito, nunca pudo competir con el otro, que mantiene intacto hasta el momento.
Desde el principio fue encantador, por partida doble; a su encanto personal sumó siempre el don de cautivar con su seductora conversación. Estos últimos años, además, ha conseguido fijar un diente más en el engranaje de sus pasiones y lo es ya por partida triple: encanta también con sus magníficos escritos, pero eso va después.
Por aquellos entonces compartíamos rellano de escalera, para bien, y banda sonora de gritos y golpes en nuestros hogares, para mal, aunque conseguimos que fueran tales a cambio de desgastar nuestras almas. Hoy en día aún seguimos parcheándolas con la dignidad que nunca perdimos gracias a la ayuda mutua; y si en algún momento un par de enérgicos ¡toc, toc! en mi puerta me trasladan a la época de sus escapes a la carrera —aferrado a una mano maternal que cada vez aferraba menos pensando como estaba en su propia huida—, en busca de refugio en nuestro hogar, una trinchera que no era tal, visualizo que el amparo fue mutuo también, que siempre lo fue cuando abríamos la puerta sin preguntar.
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Tiene la suerte de que su dorado cabello de antaño camufla hoy muchas de las canas que pugnan por hacerse visibles, aunque no puede evitar que el conjunto vaya plateándose por momentos. Por ahí se comenta que en las noches de luna llena se le puede ver negociando con ésta, intentando trocar parte de su nívea carga por una inspiración que él ya tiene a raudales, le vino de serie; tanto es así que mantiene a sus musas en un expediente de regulación de empleo indefinido. Por tanto, no hagáis caso de aquellas habladurías, yo sé bien que si se les ve juntos es porque son amigos y confidentes, me lo confesó ella una noche en la que él se entretuvo soñando mundos con menos seres y más humanos.
Pero la blancura de su cabellera no es lo único que disimula, el paso del tiempo nos ha deparado muchas vivencias que debemos proteger; en eso creo que me siguió, cuando yo aprendí de la suerte de vida que, por momentos, nos tocó en desgracia. No soy su maestro tampoco en esto, como sí lo es él para mí en ese arte que tan bien domina y que le permite crear universos paralelos con danzas lingüísticas que coquetean con la cuarta dimensión, y con alguna más; sólo juntando palabras, o nada menos que así…
Hoy, y desde hace varias décadas, compartimos tren y valores de esos que no cotizan en bolsa, y aunque no hacemos lo propio con el vagón, cuando las fichas del casino están de rebaja, sólo entonces —¡ay, la crisis!—, apostamos decididos a los dados; aunque no creo en ella, la suerte hace que cada dos por tres nos salga un seis que nos permite trazar una curva temeraria para acercarnos en una recta, imposible hasta ese momento. Entonces, juntos nos comemos el mundo a bocados de recuerdos.
¿Os he dicho ya que él es mi hermano?; ya lo era el de la cara de pillastre, aunque entonces él no lo supiera, aunque no lo reconociéramos ninguno de los dos.
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La luna, llena ella esta noche, me acaba de guiñar un ojo, como diciéndome que lo deje ya, que me vaya a dormir. A mí no me engaña, sé que lo hace porque quiere quedarse a solas con él una vez más; ¡es lógico!, tiene la mejor conversación, la más interesante y culta, pero no me importa, al contrario, al fin y al cabo todo queda en familia. Y así, cuando en casos como este me doy la vuelta y me retiro con discreción, una sonrisa de orgullo anida en mi rostro y sé que se mantendrá ahí por mucho tiempo.
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¿Sabéis?, creo que aceptaré el consejo; suelen decir que la luna no acostumbra a regalar guiños a no ser que las botellas se hayan vaciado, y la mía de ron añejo está a punto de sacar billete para el contenedor de vidrios.

© Patxi Hinojosa Luján
(Con la Luna, llena ella, testigo del paso del día 05 al 06/10/2017)