martes, 31 de octubre de 2017

Lumínica


(Este texto es mi personal recuerdo del concierto en el Altxerri de Donosti del día 28 de octubre y no es sino una muestra de respeto y cariño hacia Jorge Marazu, quien ha sido capaz de crear una maravilla como es Lumínica.)


La musical velada transcurrió plena de intensidad, como un vendaval desatado de recursos. Si comenzó con Luz, bendita luz, terminó con un sutil Simulacro que nos confirmó que lo vivido hasta ese instante no había sido tal; entre ambos momentos, y como en un suspiro, todo un Río de emociones anidando en unas canciones que unas veces nos llevaban a recorrer veredas secretas con el tono sepia de los ayeres y otras nos acariciaban el corazón; él ya venía advertido, reveló haber sufrido arañazos en el suyo.
Como esperaba, la noche no echó de menos ningún despliegue de efectos especiales, pues hasta tuvo su particular Cometa, que a falta de cuerda nos dejó una magnífica estela en forma de Recuerdo crónico justo antes de que yo lo imaginara camino de Escandinavia, allí donde la Luna es siempre mágica si sabes mirar para encontrar su ombligo.
Quizá nuestro querido amigo Jorge Marazu ya no sea aquel muchacho que Catorce años atrás aspiraba a dejar grabadas sus particulares Líneas de Nazca entre confidencia y confidencia con la emotiva Elia, quizá, pero hoy lo reivindica mientras observa que algunos Peces de ciudad parten hacia otros puertos, nadan en otra dirección.
Pasaron los segundos, las canciones, y casi sin darnos cuenta nos acercamos al final; sin esperar a oír las campanas del reloj, y sin Miedo a las teclas negras de un negro piano, se sinceró al contarnos lo mucho que le cuesta olvidar todo lo que un día quiso; entonces se bajó del escenario para subirse al carro de las nuevas melodías y versos que esperan, ansiosos, su turno para ser convertidos en canción gracias a ese misterioso don que él posee al igual que unos pocos más y que alguien intentó explicar alguna vez…, sin éxito.
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Y yo, que insaciable pensaba negarme a decir Adiós porque también tengo pánico a las despedidas, acabé dando Media vuelta para salir del local; respiré hondo el aire ya menos cargado de la calle y reflexioné: si lo que sentía en aquellos momentos no era una hermana gemela de La felicidad, se le parecía bastante...
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En mi peculiar universo, recuerdo ahora que me debe, no una canción al azar sino 29, aunque él ignora que lo mismo ocurre con Las otras, y yo no se lo pienso confesar…
¡Pero qué despiste, si esto no iba aquí!, era para la pre-crónica del próximo concierto... No pasa nada, hasta que llegue la ocasión yo seguiré deleitándome con las maravillosas canciones que conforman esta obra de arte musical de Jorge Marazu que es su Lumínica.

© Patxi Hinojosa Luján
(31/10/2017)