jueves, 6 de marzo de 2014

¡¡¡MALDITO «OSCURO VAGÓN», MALDITO CAMBIO DE AGUJAS!!!

       Verás, viniste a este nuestro mundo hace hoy exactamente ochenta años, y en aquel mismo instante la raza humana ganó en calidad, subió muchos enteros en bondad, generosidad, humildad, espíritu de sacrificio, capacidad de amar y cualquier otro atributo positivo que se nos pueda ocurrir; y no digo todo esto porque es lo que se supone que pueda y deba decir cualquier persona al referirse a su madre, sino porque también muchísima gente que no tuvo la suerte de pertenecer a tu familia, pero sí el privilegio de compartir tantos momentos como para conocerte y convivir contigo de una u otra manera, estoy seguro que incluso me reprocharía el haberme quedado corto en mis apreciaciones, tal fue tu conducta en vida.

       Durante años viajamos todos juntos en el mismo coche de entre los que componían el convoy del tren de nuestras vidas. Después, estas nos fueron cambiando de vagón secuencialmente, pero manteniéndonos en el mismo convoy y con la cercanía que magnifica el cariño que nos teníamos y nos unía.

       Pero un día, sin previo aviso, de repente te encontraste sola, sin ninguno de nosotros, sin ninguno de tus hijos, en un oscuro vagón tan lúgubre que en un cambio de agujas tan inoportuno como maldecible, aquel escogió unas vías diferentes de las nuestras para seguir por un camino sin luz, sin compañía y sin esperanzas de vuelta atrás, por un camino sin retorno… mientras que los nuestros continuaban enganchados entre sí, y, por fortuna, aún hoy siguen así, permitiéndonos una relación más o menos frecuente, pero siempre con esa calidez perenne que otorgan las múltiples vivencias conjuntas por llevar la misma sangre.

       Sí, hoy es tu cumpleaños, y no se me ocurre qué pueda regalarte aparte del eterno y amoroso recuerdo y estas mis torpes palabras de admiración y agradecimiento. Más bien he sido yo el receptor de un regalo grandioso por tu parte, porque me (y nos) dejaste un legado inconmensurable con esas tres joyas, esos tres diamantes; diamantes en femenino, y en bruto sí, pero que se han ido puliendo cada uno a su manera poco a poco y todavía lo hacen con la inevitabilidad del paso del tiempo; esos tres diamantes que me llaman hermano, y lo que es más importante para mí, desde luego, que me tratan como tal, con el cariño que ello conlleva. Sé que allí desde donde nos observes, estarás orgullosa de las tres, de su comportamiento en la vida y del trato que intentan siempre dar a sus semejantes; yo también lo estoy y presumo sin ambages de ser su hermano mayor, y los que bien me conocen saben que es de las pocas ocasiones en que pulo mis galones y los saco a relucir.

       Y no podemos por menos los cuatro que añorar un día más el tener la posibilidad de darte un abrazo y «comerte» a besos y es por ello que hoy me sale del alma más que nunca el gritar a los cuatro vientos:

¡¡¡Maldito «oscuro vagón» y maldito cambio de agujas!!!

Patxi Hinojosa Luján

(07/03/2014)