sábado, 25 de junio de 2016

Blue Moves


Surfeando el sopor que genera el movimiento —a veces no tan suave— de este vagón que transita sobre las inseparables y paralelas líneas de hierro, intento no caer a sus provocadoras aguas, no antes de poder trazar al menos un par de piruetas de esas que se cobijan en las danzas literarias para engalanarlas. Y en ello estoy. Danzas, piruetas… quién sabe si me visitarán en esta ocasión las musas; si lo hacen, quizá lo dejen para el final, si acaso, como en alguna que otra ocasión que ya no recuerdo…
Lo intento, sí, pero cada dos por tres relajo seis de mis dedos; entretanto, mi mente vuela junto al recuerdo de lo que pueda llegar. Y me veo como el coprotagonista de esas películas antiguas, salpicadas de sus tan familiares como molestas imperfecciones. Ocurre que, en ellas, a veces me acompañan unos seres queridos que siempre estarán conmigo a pesar de las distancias pesarosas; a veces me encuentro solo, saboreando mi soledad. Es entonces cuando la pluma y el teclado esperan, pacientes, a que las nubes a las que suelo subir descarguen todo el peso que las desequilibra, incluyendo el de mi despistada imaginación; tan despistada como esos estudiantes que se distraen incluso con las escasas y discretas moscas de invierno.
Por ejemplo, ahora mismo me encuentro en uno de esos lapsos donde…
«… me veo con unos cuantos años menos —kilos también, añado— en unos grandes almacenes, con la ilusión intacta de un niño reflejada en la cara, buscando en las estanterías de discos el último álbum de Elton John, recién salido de la prensa: Blue Moves. Este es el día en que se pone a la venta en todo el mundo y ahí estoy yo para conseguirlo no más tarde que los demás fans repartidos por la vasta geografía mundial y entre los que, aún, no puedo llamar amigo a ninguno».
Veo la escena como si fuera ayer porque solo han pasado cuarenta años. Me veo localizándolo mientras…
«… mi mano alcanza a coger un ejemplar de ese vinilo; estamos en 1976 y en esta época toca elegir entre disco de vinilo y cinta de casete y, claro, no hay color. Recuerdo que pienso: ¿cómo sonarán las nuevas canciones? ¿Se parecerá este trabajo en algo a esa obra de arte que nos regaló el pasado año? No tengo ni la más ligera idea, no he tenido ocasión de oír ningún adelanto, cosas de ese internet aún no imaginado para la mayoría de los mortales. La azulada portada me descoloca un poco…»
… aunque, ahora que lo pienso, más aún lo hará la primera audición. En efecto, yo esperaba escuchar algo así como el «Captain fantastic and the Brown dirt cowboy, part two» y no, no lo era, como no lo fue ningún trabajo hasta treinta años después, pero esa ya es otra historia. En todo caso, a la tercera escucha me sedujo y me atrapó para siempre entre sus redes musicales, una de las cuales, Tonight, se mantiene igual de bella cuatro décadas después.
Abro unos ojos que no había cerrado y enfoco el entorno en el que me hallo. Caigo en la cuenta una vez más del heterogéneo conjunto de vidas ajenas y anónimas que me rodea e intento imaginar toda la riqueza que esconden. Eso es algo imposible e intangible, así que vuelvo a mis cosas: Pues bien, como el long play de Blue Moves fue, en efecto, el primero que adquirí en el momento de su publicación, siempre le he tenido un especial cariño; quizá por ello he decidido regalarle una nueva vida en otra compañía y por y para ello viaja conmigo en estos momentos en los que los carriles se han aproximado 233 mm como por arte de magia al pasar al ancho europeo y la velocidad ha aumentado de un modo considerable. He pensado que estaría mejor con la persona que se convirtió en mi primera amiga dentro del grupo de fans de Elton, y con quien me reencontraré en pocas horas, si las hadas de la puntualidad ferroviaria no nos abandonan; por eso, con el mismo cariño con que lo he conservado todos estos años, se lo ofrezco como una tramposa, por anticipada, herencia en vida.
Tenéis suerte amigos, el tren se mueve ahora demasiado como para continuar con la tortura que significa seguir escribiendo con estos bandazos, de cualquiera de las dos maneras. Y como este texto no da para más, recojo los bártulos y mientras bajo los párpados pienso…
«Tonight, durante la peculiar mudanza, aunque los altavoces permanezcan en respetuoso silencio por las tardías horas, nada podrá impedir que Blue Moves suene en nuestras cabezas a todo volumen».
Mi compañero de asiento no entiende nada, luzco una amplia sonrisa a pesar de haberme quedado dormido.

© Patxi Hinojosa Luján
(02-25/06/2016)

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