martes, 28 de febrero de 2017

En el umbral


Evoco sin nostalgia aquel día en el que oí cómo alguien gritaba tras de mí, a lo lejos: ¡¡¡al ladrón, al ladrón!!! Ese alguien eras tú. Recuerdo que yo seguí a lo mío, hasta entonces no había sospechado que pudiera tener alguna habilidad para robar en un corazón, y ni siquiera miré por encima de mi hombro para saciar una curiosidad que no tenía. Más tarde, tú intentarías convencerme de lo contrario con cierto éxito.
Reconozco que esos primeros tiempos se colmaron de miel y sal, de ternura y arrebato, de cordura y locura… Hoy, cuando el ardor de la lava de la pasión hace tiempo que se extinguió, impregnando nuestra rutina con la frialdad del río detenido cual reguero de roca, no quisiera herirte con lo que voy a confesarte, me conoces lo suficiente para ver que no es esa mi intención; pero debes saber, e imagino que lo intuyes, que estoy mejor con ella. Y no me siento culpable, no lo considero infidelidad, tampoco traición.
Ella ha llegado a mi vida para llenarla de sosiego y de paz, y lo ha hecho para quedarse; respeta el silencio que necesito como el respirar desde que tú y yo empezamos a divisar horizontes distintos, a pesar de caminar pegados, pues lo hacíamos con el fino abismo de la indiferencia entre ambos. No me culpo por ello, o al menos no solo a mí. Y te rogaría que apartaras de tu mente la idea de que yo te haya podido engañar, este es un verbo que deseché de mi diccionario mucho antes del principio de la partida.
Durante todo este tiempo de secreta aventura, he disfrutado de ella cuando tú te ibas, y cada día que pasaba aumentaba mi deseo de repetir; aunque no sé si por prudencia o cobardía, no intenté hacerte partícipe de ello, ya ves... No lo lamento, al final los acontecimientos fluyeron hasta que ocurrió lo inevitable.
***
Echando la vista atrás, me recuerdo con una poco disimulada sonrisa contemplándoos a las dos en ese lapso infinitesimal en el que coincidíais conmigo; puedes creerme si te digo que ella, siempre muy discreta, no entró en escena de una manera definitiva hasta que tú te fugaste de mi corazón llevándote los trozos que pudiste recuperar del tuyo atravesando aquel umbral, testigo inanimado del necesario cambio, mientras os cruzabais en él sin prestaros atención; desapareciste así para siempre del elenco de actores de la película de mi vida y fue entonces cuando mi cabeza tomó la decisión de asumir el nuevo guion. En este nuevo escenario, observo cómo un pajarillo emite un canto que nace arrepentido al no querer ensuciar el cautivador silencio y, casi imperceptible, planea hasta mi cornisa como presente en forma de desagravio.
***
Es tu ausencia la que me ha colmado de felicidad, ella es la mejor compañera que hubiera podido imaginar para continuar con la solitaria partida en que, de nuevo, se ha convertido mi aventura.

© Patxi Hinojosa Luján
(01/03/2017)