lunes, 11 de agosto de 2014

En la penumbra


La penumbra esconde, o por lo menos disimula, un cúmulo de sensaciones y emociones que se entremezclan en su cerebro, afectando también al cuerpo, formando su tótum revolútum particular, ese viejo y conocido compañero de mil batallas disputadas… ganadas en la inmensa mayoría de los casos.
Una vez más está allí, en la semioscuridad que le otorga el encontrarse «entre bambalinas», justo en esa penumbra que tantas veces le ha visto dudar de sí, preguntándose si lo volverá a hacer bien una vez más, si lo recordará todo a su debido tiempo; en definitiva, si el deseo de «mucha mierda» de todos aquellos que siempre le acompañan «antes de» volverá a surtir efecto, o por lo menos no le acabará perjudicando. Todo ello a pesar de haberlo repetido infinidad de veces, tanto en los ensayos como en las funciones, y siempre con éxito...
Pero, ¡ay amigo!, el riesgo jamás está ausente de ese punto sin retorno que se da cuando, estando en el escenario frente a su público, aparece esa maldita décima de segundo de vacío que se hace eterna y, cuando ya la ha superado, lo que al final acaba sucediendo cada vez, unas gotas de sudor frío, casi helado, ya están descendiendo desde sus sienes, eso sí, invisibles para quienes desde sus butacas asisten ensimismados a su arte de clown. Y a la par que la actuación continúa, si en ese momento su cara pincela una sonrisa, la curva de ésta se eleva unos grados por los extremos en una muestra clara de satisfacción, ésta sí visible para todos, aunque la crean parte inherente a la actuación y no lo sea… del todo.
Terminada la representación, y mientras vuelve a su camerino con la sensación del deber cumplido, todo su ser empieza a relajarse después del «subidón» de adrenalina del día, que no experimenta sino cuando ya está desmaquillándose y empezando a pensar en su otro mundo, que lo tiene...
Pero si hay algo cierto en esta vida es que casi todo es cíclico, y antes o después vuelve a suceder una vez más, se desee —como es el caso— o no.
***
Y ahí estás tú otra vez, con tu dilema y ese hormigueo en el estómago. ¡Qué se le va a hacer!
«Te llaman a escena, no lo pienses más…»

© Patxi Hinojosa Luján
(11/08/2014)