sábado, 21 de febrero de 2015

Adivina quién soy…

       Me encuentro en un mundo en el que la penumbra lo domina todo, cuando no es la más completa oscuridad la que lo hace. Solo en esa válvula de escape, que se me aparece de vez en cuando en diferentes e imprevistos enclaves, puedo vislumbrar la luz, algo de luz. Pero mis días suelen ser muy cortos, ¡tan cortos…!

       Hay veces que, incluso estando en una fase de día, no consigo encontrar mi sitio; en esos momentos ya no sé ni quién soy, aunque sí que todavía no es mi turno, e intuyo que otros seres que, como yo, no deciden su destino, pueden adquirir aquí su efímero protagonismo…

       Pero, cuando le llega la vez al número de ese ticket que nunca he cogido, puedo esperar cualquier sorpresa, aunque esta no siempre se produzca. Con el temor de que se haga de noche en el momento más inesperado, ese pánico alojado en mi columna como si fuera su hábitat natural, me enfrento a la realidad, deseada aunque temida realidad, que no siempre consigo interiorizar, aunque debo aceptar una vez sí y otra también.

       Esos seres que escogen nuestros ciclos lumínicos y deciden cuándo vamos a disfrutar el día o a sufrir la noche… Esos seres que pueden olvidarse de ti durante varios largos días terrestres, sin previo aviso, si llega el caso… Esos seres… también sufren sus miserias, lo aprecio claramente cuando «el mío» y yo cruzamos las miradas esas escasas veces que «suena la flauta», aunque, extrañamente, también hay ocasiones en que esa experiencia hace que me sienta relajado y feliz, lo que ocurre  cuando lo que veo es tranquilidad y felicidad en su mirada; aún no sé el porqué de mi reacción…

***

       Se oyen ruidos cercanos, quizá pronto se nos regale otro día. De un tiempo a esta parte, siento un sudor frío en la nuca cuando esa presencia, que desde no hace tanto percibo cual fiel compañera muy cerca de mí, no tiene reparo alguno en que yo sienta su respiración y su aliento tan cerca detrás de mí…; ella, como yo, espera convertirse en protagonista, aunque sea por unos pocos minutos. Pero una cosa es cierta, el que no resulte afortunado, observará la función discretamente colocado fuera del ángulo de visión del dios del interruptor, como hacemos siempre, esperando una mejor coyuntura…

       Pero resulta que hoy es una ocasión especial, se nos ha requerido salir a escena a los dos a la vez, a esa ya no tan extraña y desconocida presencia y a mí, y… ¡nos hemos besado!, ¿estaremos enamorados…?

© Patxi Hinojosa Luján
(21/02/2015)