miércoles, 25 de febrero de 2015

Desaparecidos

       Hace unas semanas que mi vida experimentó un cambio radical, afortunadamente a mejor. Entró a formar parte de ella una personita maravillosa, mágica, embriagadora, todo un duende benefactor, mi hada particular. Con ella no hay tiempo para perder, ni tiempo que perder. Todo es positivo, todo es aprender, todo es sumar. ¿Os he dicho ya que es mágica? A nuestro alrededor flota un aura que nos envuelve a ambos y que borra de un plumazo toda la negatividad que pudiera amenazarnos. He dejado de sorprenderme ante hechos que en mi anterior vida me hubieran dejado, como mínimo, descolocado; y los acepto como lo más natural del mundo, tan natural como la seguridad de que el Sol va a venir a visitarnos en cada amanecer, como ha hecho cada día de nuestras vidas. Con ella he visto cosas que no me atrevería a contar, no me gustaría que me tildasen de chalado. He vivido experiencias que guardo para mí; bueno, para nosotros dos, total, no nos creerían…

       Pero desde hace un tiempo nos está ocurriendo un hecho especialmente inusual que a mí me tiene, no diré que preocupado, que no, aunque sí expectante por ver cómo se van desarrollando los acontecimientos. Y con curiosidad, también.

       Desde aquel día en que, quizá por la emoción de compartir mi hada y yo por vez primera nuestras imágenes en un mismo espejo, nos dimos un apasionado beso delante de él, ocurre que hay días en que, cual vampiros salidos de la imaginación de Bram Stoker, no nos vemos reflejados, ni juntos ni por separado. En ningún espejo. La  verdad es que cuando eso ocurre nos resulta muy gracioso, por ejemplo, el tener que peinarnos el uno al otro.

***

       Nuestros reflejos llevan ya trece días desaparecidos cuando mi chica me dice que tiene un pálpito, que la acompañe… Nos acabamos de colocar frente al espejo de cuerpo entero del dormitorio. ¿Son sonidos de pasos acercándose lo que proviene de él? Esperamos cogidos de la mano, un ligero apretón por su parte me indica que no me impaciente, que pronto ocurrirá algo…

***

        De repente aparecen; parece como si llegaran a la carrera, intentando colocarse adecuadamente y con disimulo en su sitio para interpretar su papel. Pero hay algo que les delata: llegan algo despeinados, algo más de lo que lo estamos nosotros, con un rubor rojizo en sus mejillas y un brillo de pasión en sus ojos. La verdad, no se puede negar que son unos magníficos reflejos…      

© Patxi Hinojosa Luján
(25/02/2015)