viernes, 24 de abril de 2015

Vuelos termostáticos

       Suelen pasarse la mayor parte del día durmiendo. Cambian de ubicación en función de parámetros tales como dónde da el sol, el calor o el frío que acumulan los diferentes lugares y objetos, y otros más misteriosos que solo ellos conocen y que por mucho que convivan con nosotros no conseguiremos conocer nunca. Solo interrumpen su especial «ejercicio» para comer o beber, hacer sus necesidades, pelearse entre ellos y poco más. A mí, he de reconocerlo, ese modus vivendi no me hace ni pizca de gracia, más bien al contrario, me da mucha rabia. ¿Que por qué?... porque a veces en la madrugada deciden, por razones obvias, que ya está bien de dormir; entonces se ponen a combatir. Y lo malo no es esto en sí, lo malo es que lo hacen en el mismo lugar de su descanso nocturno, es decir… en nuestra cama, ajustados como solo ellos saben hacerlo sobre o junto a nuestros torsos o piernas. Al principio, ser despertados a esas horas en que vives otras vidas que sí, que son también las tuyas pero que no siempre lo son del todo, y además con esa violencia tan sorpresiva, podría ser muy traumático para nuestros algo ajados corazones, y de verdad que no es como para agradecérselo mucho, no…

       Pero la Naturaleza es sabia, ¡vaya si lo es! Hace ya unas cuantas lunas llenas, incluyendo incluso una rojo pasión muy especial, mi compañera ha accedido a una nueva fase vital que no por no deseada o esperada es más evitable, que no. Desde que ello ocurre, una nueva atracción se ha sumado a nuestros reposos nocturnos, os cuento: De buenas a primeras, cuando más sumida está en su primer sueño, al igual que nuestros dos fieras y yo, le llega un sofoco y su reacción instintiva, mientras emerge del profundo sueño, es desprenderse violentamente de toda la ropa de cama mientras su cuerpo cambia de posición casi convulsivamente. Os podéis imaginar… una consecuencia directa es que un par de negros felinos vuelan literalmente desde su posición con dirección al suelo mientras maúllan lo que sin duda son enérgicas protestas, intuyo que muy similares en su fondo porque está claro que en estas ocasiones, y solo en estas, sí están de acuerdo. Yo, me doy media vuelta e intento volver a coger el sueño. Ellos, se dan un margen de tiempo paseando sus negruras por el resto de la apagada estancia para, una vez que todo ha vuelto a la normalidad, porque el sofoco ya ha pasado y las ropas y cuerpos están otra vez en su sitio, se recolocan en sus respectivos acomodos con el sigilo que solo un felino es capaz de mantener en la oscuridad. Aunque, una cosa es cierta, ese curso natural del tiempo nos ha brindado la oportunidad de obtener una divertida revancha, aunque no por ello podamos dormir más ni mejor...

       Mi chica dice que, hace ya unos cuantos vuelos, tiene el termostato averiado…

© Patxi Hinojosa Luján
(24/04/2015)