lunes, 25 de enero de 2016

¡Gracias!


Hoy que veo alejarse mi juventud con los papeles de su jubilación bien asidos, sin el menor sentido de culpabilidad ni compasión alguna, sin tan siquiera pararse a mirar atrás ni de reojo, lo hace sin percatarse de que he osado apropiarme de cerca de la mitad de los atributos de su mochila, lo que aprovecho para interrelacionarlos con esta templanza recién adquirida que tanto voy a valorar, intuyo.
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Hoy agradezco que tu dedo de la fortuna se parase, durante aquel loco giro, justo en mi ubicación, que me eligieras para lo que para ti no fue sino un juego mientras yo lo convertía en una cascada de puros sentimientos que al final acabaron desapareciendo como las estelas de los fuegos artificiales más espectaculares.
Hoy te doy las gracias por aprovecharte de mi inocencia y hacerme creer, con tus justitas dotes de actriz —aunque de eso no me di cuenta hasta pasado algún tiempo— que se estaba creando un nuevo universo cuyo centro habitaríamos solo nosotros dos.
Hoy te doy las gracias, también, por esa frialdad que apareció enseguida y que mi ingenuidad no acababa de entender al estar aún eclipsada por los últimos restos de esos fuegos tan coloridos como falsos.
Tampoco puedo dejar de agradecerte hoy, ya puestos, el que escondieras tu cobardía en el silencio y tus miedos tras las espaldas de tu tutor, en un intento de evitar enfrentar la verdad. Lo que hiciste cuando me cerraste con un portazo en las narices esa puerta, que al final hubiera sido la de mi desdicha, es de un valor incalculable para mí. Créeme.
Tarde supe que tus expectativas eran de altos vuelos y que yo, a tu parecer, no podría moverme con soltura a esas alturas. Te soy muy sincero al confesarte cuánto me alegro hoy de ello.
¡Muchas gracias, de verdad!
Aquella experiencia me permitió descubrir, primero, y percutir con la esculpida aldaba de una fascinante entrada, después; entrada que al final acabaría traspasando con el oportuno permiso del hada que la vigilaba para dirigirme a inexplorados espacios donde fijaría mi existencia futura, plena de dicha y vacía de la falsedad y engaños que un lejano día trataste de esconder, con éxito momentáneo; en el momento presente puedo afirmar que nunca ha surgido la necesidad de buscar señal de salida alguna.
No, ya no esperaré a mañana para darte las gracias por todo ello.
Quiero decírtelo hoy bien alto, chica de ojos vidriosos y falsa mirada. Sin ninguna acritud: ¡Gracias, de corazón!
Y vuelvo a dar las Gracias, pero en esta ocasión ya no a ti, sino a la Vida que me han regalado tanto mi entorno familiar como el de mis amigos. Si los conocieras, lamentarías no haber tenido la clase necesaria para ganarte el derecho a pertenecer a ninguno de los dos; aunque ahora que recapacito, quizá no, no frecuentan tan altos vuelos como tú exiges.
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Hoy, que a mi vida el otoño ha llegado con el objetivo de quedarse por, espero, un largo período de tiempo, contemplo con pícara sonrisa todo aquello que fui capaz de sustraerle a ese verano que huyó sin comprobar su equipaje. En el fondo soy un nostálgico.


© Patxi Hinojosa Luján
(25/01/2016)