martes, 19 de julio de 2016

Cena como excusa


Llevaba media vida escondiendo sus actos, o como mínimo procurando que no le relacionaran con ellos. Era superior a él, no podía evitar repetirlos siempre que tenía ocasión, aunque esto no pasaba tan a menudo como él hubiera deseado. Con el paso del tiempo su círculo de amigos empezó a sospechar algo y llegó el momento en que todo salió a la luz. Decidieron por unanimidad que le prepararían una sorpresa con la que recibiera su merecido…
***
—¡Sorpresa! —gritaron al unísono todos. Le habían citado para cenar en la sociedad gastronómica que frecuentaba la cuadrilla con la peregrina excusa de que a otro grupo de la misma le había sobrado mucha comida de la anterior reunión y que sería una pena que se estropeara.
Él llegó con un cuarto de hora de adelanto a dicha sociedad pero no pudo evitar ser el último, todos le esperaban ya de pie formando un perfecto semicírculo detrás del cual en una gran pancarta rezaba el siguiente texto:
«PARA LA PERSONA MÁS SOLIDARIA, UNA PEQUEÑA APORTACIÓN CON NUESTRA ADMIRACIÓN ¡¡¡GRACIAS, AMIGO!!!».
Los abrazos que siguieron al impacto inicial tuvieron que salvar, mediante un pequeño rodeo, un obstáculo muy especial: un gran contenedor repleto de alimentos imperecederos con una etiqueta de envío que debería rellenar el recién llegado; tenía costumbre de ello.
En un lateral de la sala, una mesa corrida les esperaba a todos con una modesta pero suculenta cena que con toda seguridad acabarían regando con «agua de Bilbao».
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… homenaje.

© Patxi Hinojosa Luján
(19/07/2016)