viernes, 12 de agosto de 2016

Desde mi ventana


A través de mi ventana veo cómo el viento saca a bailar a las ramas más osadas de los árboles que custodian nuestro barrio, las que nacieron, crecieron y habitan en las zonas más elevadas de sus orgullosas copas. Los valses suenan a un volumen moderado, como para no molestar, y sus ritmos y cadencias acaban sumergiéndome en un sueño embriagador.
Una risueña algarabía me saca del letargo y dirige mi atención allí abajo, a ras de césped, adonde dirijo la vista al instante; lo que veo me saca una sonrisa, a pesar de todo: unos chicos, algunos niños pero otros no tanto, persiguen a sus particulares pokémones con la ayuda de coloridas pelotas de goma que no dañarían ni a una mosca. En un momento dado aquéllos se cansan de huir y frenan de golpe; se giran retando a sus perseguidores y, emitiendo unos cuantos ladridos que no consiguen esconder sus alegres expresiones, se lanzan a su encuentro ignorando pelotas y reglas no escritas. Caigo en la cuenta de que nadie se ausenta de la escena mirando pantalla alguna.
Una pareja lanza hacia donde corren las mascotas algunas de las pelotas que éstos han ignorado por caer en sus dominios de intimidad y ternura, y, volviéndose a parapetar detrás de un tronco de gran envergadura, continúan a lo suyo después de lanzar al aire la pregunta tantas veces repetida cuando la pasión sigue a flor de piel: «¿por dónde íbamos?»
Reparo en que un hombre de mediana edad está en uno de los bancos «sembrados» en la zona verde intentando leer un voluminoso libro; y digo «intentando» porque alterna la mirada entre las hojas de la que, no sé por qué, intuyo una novela, el desenfadado jugueteo de los chicos con sus perros y la chica que, en el banco contiguo, no para de escribir —y en ocasiones también de tachar— en las páginas de una libreta desgastada por el uso. Me lo imagino pensando que quizá —quién sabe—, sea ella la escritora «culpable» de su próxima lectura. No creo que él se imagine que nadie pueda imaginarlo así.
Yo sigo sonriendo mientras disfruto de mi privilegiada posición, pese a esta ciática que pugna con el incipiente dolor de muelas en un intento de impedir —sin conseguirlo— que preste atención a escenas como las anteriores, que de veras merecen la pena; eso sí, de momento seguiré haciéndolo desde mi ventana…

© Patxi Hinojosa Luján
(12/08/2016)